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¿Puede la humedad cortar tu inspiración? Bueno, hay que agregar a la humedad los recursos y la capacidad de recuperación de un “pistolero” como Novak Djokovic, el número uno del planeta tenis.

Ayer, en la final de Roland Garros en París, esa locomotora española que es Rafael Nadal, parecía encaminarse hacia una victoria más sobre el barro, después de imponerse a Djokovic 6-4 y 6-3 en las dos primeras mangas. Firme atrás, preciso llegando a la red y prevaleciendo en los cambios de cañoneo, Nadal provocó una gran impresión en esos dos primeros sets, haciéndonos recordar al imbatible en este tipo de terreno.

Creció la intensidad de la lluvia y después de una suspensión, sobre la humedad, Djokovic triunfó 6-2 lanzando una advertencia al aproximarse 1-2. Se observaba la incomodidad de Nadal, sobre todo cuando Djokovic se adelantó 2-0 en el cuarto set apuntándose ocho games seguidos, en un alarde de efectividad. El español reaccionó ganando el tercer game y estrechando la lucha 1-2 en ese set, cuando la acción volvió a suspenderse.

El repunte de Djokovic, había metido a Nadal en terribles dificultades, consecuencia del cambio de condiciones según el español, y la suspensión del duelo para hoy, podría ser un excelente calmante para Rafa, tan necesitado de reordenarse.

¿Seguirá Djokovic empujando a Nadal a la candente zona roja, en la cual el peligro no admite disimulos? Así parece, pero la ventaja de un set sigue teniendo un peso sicológico, y conociendo la bravura del español hinchada por su orgullo, se espera un cierre de juego de ribetes espectaculares como muchos de los puntos vistos ayer.

Aunque la humedad fue para los dos, Nadal se quejaba que la pesadez de la pelota le impedía darle altura a sus respuestas y buscar cómo posicionarse mejor.