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Posiblemente ustedes, igual que yo, y quizás el propio Manny Pacquiao no esperaban ver el Timothy Bradley puesto en escena el sábado, mostrando un atrevimiento que fue sostenido a lo largo de esos 12 asaltos, incluso cuando tuvo que atravesar por grandes dificultades, consecuencia de las ráfagas aplicadas por el filipino, y la certificación de su mayor poder para impactar.

Solo con un Bradley ofreciendo como soporte su audacia, la velocidad de manos y piernas requeridas para escapar y regresar, una sólida resistencia para sobrevivir a las mejores arremetidas de Pacquiao, con el agregado necesario de astucia, confianza y determinación, se pudo disfrutar de un excelente espectáculo boxístico.

Me sentí impresionado por el accionar de Bradley, y aunque regresando de México directamente al televisor, sin llevar puntos, sintiéndome como un aficionado mientras cenaba, atento a las imágenes que no se detenían y que parecían seguir en movimiento aún durante el minuto de supuesto reposo entre round y round, consideré que zigzagueado entre tantos asaltos difíciles de juzgar, Bradley merecía la victoria. Por poco, como ocurre en cualquier combate tan intensa y fieramente disputado, pero con legitimidad.

No cuestiono a quienes vieron ganar a Pacquiao, uno de mis peleadores favoritos, pero tampoco me siento indefenso al exponer lo que pienso y siento. Así como el boxeo es asunto de estilos, las consideraciones dependen de los puntos de vista, razón por la cual se colocan tres jurados en sitios que proporcionan ángulos diferentes.

Quién estuvo más cerca de ser derribado y fue más dañado en su rostro, fue Bradley. Eso galvaniza las opiniones sobre los merecimientos de Pacquiao, pero no oculta la propuesta de Bradley, agresiva, desorientadora, capaz de ir al centro del ring a cambiar metralla sin la menor cautela, y saber manejarse saliendo por los laterales, aún siendo apretado contra las cuerdas.

Claro que la ofensiva de Pacquiao llenó la vista en muchos pasajes, tanto como lo errático de sus swings largos, y la pérdida de sorpresa en sus combinaciones. Aun así, sus golpes rectos consiguieron llegar a cambio de recibir, como nunca antes le había ocurrido.

Una gran pelea y una sentencia discutible.

dplay@ibw.com.ni