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¡Cómo olvidar aquel torneo de béisbol realizado durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Medellín, 1978! El ruido del aluminio era enloquecedor en el béisbol --todavía amateur-- mundial; el parque, sorprendentemente era de juguete, parecía que la pared del left fielder estaba detrás de la tercera base; los pitcheres se sintieron trabajando en el infierno con sus brazos dentro de las brasas; no podías levantarte a comprar un refresco porque al regresar se habían conectado dos o tres jonrones.

¡Diablos!, fue el torneo de más pólvora que pueda recordar en mi larga trayectoria como cronista deportivo. Cuando recuerdo esos Juegos, me agacho o me zambullo debajo de la cama. Fue un adelanto de los fuegos artificiales vistos en Beijing.

Obtuvimos la medalla de plata en béisbol. Difícil, es una definición que no alcanza a graficar lo cruento de las batallas batazo por batazo. Estaba Cuba con su tenebroso poderío, y se tuvo que batallar con rivales tan complicados como Puerto Rico, Dominicana, Venezuela y el local, Colombia; todos ellos buscando cómo ser el escolta de Cuba.

No se asusten
Mientras el torneo transcurría, los impactos saltaban frente a nuestras narices en forma vertiginosa, como si fueran inagotables. ¿Alguno de ustedes podría creer que Cuba anotó 24 carreras y disparó 9 jonrones contra Puerto Rico, en un inning? No, no estoy bromeando. Eso ocurrió, y explica por qué los pitcheres trataban de esconderse para no ser seleccionados ni como abridores, ni como relevistas. Excepto el prospecto pinolero Julio Moya, quien estuvo grandioso, como si no se percatara de las terribles dificultades.

Fue en esos Juegos de Medellín que Ernesto López estableció dos marcas que pueden permanecer por tanto tiempo, que podrían ver pasar un par de revoluciones más tratando de democratizar Nicaragua: 10 jonrones en el evento y 4 en un juego aturdiendo el pitcheo colombiano. Pero el líder fue el antesalista de Cuba, Cheíto Rodríguez, con un total de 15 vuela cercas. ¿Se imaginan eso? Con el aluminio descartado y jugando en estadios de verdad, olvídense de algo parecido.

Lo más sorprendente de la valiente y efectiva resistencia nicaragüense a lo largo de 12 juegos hasta asegurar esa medalla de plata cubierta de pólvora, fue el brillante pitcheo del joven Julio Moya, quien saltó encima de Porfirio y Lacayo para convertirse en la mejor carabina del equipo nacional. Con balance de 3-0 y un increíble 1.89 en carreras limpias, Moya fue lo más difícil de batear que se vio en medio del desborde ofensivo provocado en Medellín.

Hay muchos duelos inolvidables entre Nicaragua y Cuba, pero ése que perdimos 14 por 11 luego de haber estado adelante en la pizarra 9-7 a la altura del octavo inning, proporcionó una interminable cabalgata de emociones. En ese estadio tan pequeño, en el que cualquier bombo era cuadrangular, los cubanos dispararon 59 en el torneo, haciendo palidecer a los Yanquis de 1927.

Un gran equipo
El chavalo David Green, de 18 años, que en la Liga casera había bateado para .398 puntos en 392 veces al bate, con 20 jonrones y 70 remolques, era el jardinero derecho, con Julio Cuarezma (.351) en el center y Ernesto López (42 jonrones y 117 empujadas en 343 turnos) en la banda izquierda.

La combinación de doble plays la formaban César Jarquín y Víctor Filipini, con Roberto Espino (.368 y 78 impulsadas) en la tercera base y Calixto Vargas atravesando por un gran momento ofensivo (.376, 26 jonrones y 86 remolques) en primera. El receptor: Vicente López, quien había establecido la marca de .437 puntos conectando 34 cuadrangulares y empujando 91 carreras. El bateador designado: Pablo Juárez (13 HR, 62 CE y .349 puntos con 100 veces al bate menos que el promedio del resto de artilleros).

Douglas Moody, impulsador de 97, con 24 jonrones y .356 de porcentaje, era el hombre disponible para entrar a funcionar en los jardines, como designado contra zurdos y también como bateador y corredor emergente. Wayne Taylor, Reynaldo Téllez y Sergio García completaban la reserva.

En la colina, el ganador de 19 juegos con sólo 3 reveses, Porfirio Altamirano, blanqueador de Cuba en 1976 y de Estados Unidos en 1977, era el líder, con el experimentado veterano Sergio Lacayo, ganador de 18 juegos, detrás. Había interés por ver en acción al joven Julio Moya (7-9 y 3.69), quien entusiasmaba a Tony Castaño y se contaba con Andrés Torres, Juan José Espinoza, Gustavo García y Denis Vallecillo. Siete brazos para doce juegos, y en Medellín. ¡Uhhh!
El manager Heberto Portobanco, con Oscar Larios y Rigo Mena como coachs, en tanto Francisco Dávila respondía como entrenador, todos bajo la mirada de Tony Castaño, quien casi se regresa después del secuestro del autobús nica por dos horas por parte de guerrilleros del M-19.

Fácil debut
El primer rival fue Araba: demasiado grande Porfirio para ellos. Nicaragua, con arremetidas de dos y tres carreras en los tres primeros innings, tomó ventaja por 5-0, para ganar finalmente 7 por 2. Altamirano caminó toda la ruta con poco esfuerzo ponchando a seis y cediendo seis hits, que facilitaron las dos carreras de Aruba en el cierre del octavo. Green como lead-off, Calixto y Vicente, dispararon dos hits cada uno.

Explota Ernesto
Andrés Torres abrió contra Colombia un partido que Nicaragua ganó 15 por 5, con Ernesto López conectando cuatro jonrones, agregados a uno de Green, otro de Vicente y el de Espino. Impresionó el cierre de Julio Moya cuando Colombia parecía estar entrando en erupción. Durante dos entradas y dos tercios no permitió ni hit ni carrera, ni cedió base, adjudicándose la victoria.

Tercer triunfo
Puerto Rico fue complicado, como casi siempre. Tres innings 0-0, Nicaragua se va arriba en el inicio del cuarto, pero ellos responden con dos contra Denis Vallecillo, relevista de Gustavo García desde el primer episodio. Los nicas continúan atacando con otras dos en el quinto frente al zurdo Jesús Feliciano.

En el inicio del noveno los nicas acaban con el suspenso marcando cuatro carreras para establecer el 7-2 definitivo. Apunten otro jonrón de Ernesto y otro pitcheo nítido de Moya durante una entrada y un tercio. En cuatro entradas, nadie se le ha embasado.

Moya crece más
Nicaragua ganaba 1-0 después de dos innings, cuando el bateo de Venezuela atacó al abridor Gustavo García con cuatro carreras en el tercero, y aprovechó el descontrol de Sergio Lacayo que no pudo sacar out, permitiendo un hit y cediendo dos boletos, para adelantarse 5-1.

En el cierre Nicaragua empató a fuego de metralla y con una carrera en el séptimo tomó las riendas 6-5, alargando a cuatro su racha de victorias. Roberto Espino se voló la cerca en un juego en que extrañamente los nicas fueron reducidos a sólo cuatro cohetes. El factor clave fueron los seis scones de Julio Moya, en gran relevo largo soportando 5 hits, logrando su segundo triunfo, con el remate de Porfirio sacando los dos últimos outs.

Apaleados
Cuba, con Vinent, y Nicaragua, con Porfirio: la revancha de Cartagena en 1976. Jonrones de Anglada, Cheito, Marquetti y Casanova, golpearon a Porfirio. Cuba agregó otro de Antonio Muñoz frente a Juan José Espinoza en una derrota dolorosa por 12-0. Adiós invicto y por supuesto, a curar heridas.

Desborde nica
No importa quién lo hizo si uno encuentra quién lo paga. Nicaragua noqueó a Dominicana 13 por 2 con un jonrón de Ernesto López y pitcheo completo de Andrés Torres. Con balance de 5-1 era natural pensar en las medallas.

Un descanso
Derrotar 8 por 0 a Aruba con sereno pitcheo de Juan José Espinoza y jonrones de Ernesto López, Pablo Juárez, Roberto Espino y César Jarquín, facilitó un saludable descanso antes de regresar contra los más bravos.

Rápido ataque
El pitcheo de Porfirio frente a Colombia no fue lo suficientemente enérgico. Colombia le anotó tres carreras en las primeras tres entradas, pero el ataque nica respondió con 3 y 4 en el mismo trayecto, tomando ventaja 7 por 3, para finalmente imponerse 11-7 con Julio Moya sacando el último out en una situación apretada. Roberto Espino conectó dos jonrones.

Zancadilla y caemos
Era muy importante doblegar a Puerto Rico en la pretensión de obtener medalla de plata. Pero nos vencieron con trabajo de Rogelio Negrón y Milton Crespo 7 por 4. Vallecillo estuvo vacilante, y por fin hicieron permeable a Julio Moya, quien admitió la última carrera. Jonrones de Ernesto López y Pablo Juárez no pudieron evitar el tropezón.

Hora de socar
La octava victoria se logró contra Venezuela 9 por 5, con una ofensiva de tres carreras en las dos últimas entradas. La ventaja de 6 por 0 en los tres primeros innings parecía que podía ser bien manejada por Andrés Torres, pero no fue así. Un asalto que produjo cinco carreras en el cierre del quinto explotó al derecho, y fue necesario un buen relevo de cuatro entradas por parte de Vallecillo y un último out garantizado por Porfirio. En el juego, Green y Filipini se volaron la cerca.

Que pelea
Perdimos con Cuba 14 por 11, bateando más hits que ellos, 14-12, con los abridores Sergio Lacayo y Baudilio Vinent estremecidos con 9 y 8 carreras a lo largo de 7 y 4 innings. Nicaragua se fue arriba 3-0 en el inicio y Cuba con dos ataques de tres carreras cada uno tomó el control 6-3; dos carreras en el cuarto y cuatro en el quinto voltearon la pizarra 9-6 a favor de Nicaragua; Cuba agregó una en el cierre del sexto estrechando la diferencia 9-7. Y explotó con siete en el octavo para desequilibrar el juego. Nicaragua cerró con dos anotaciones pero se quedó corta. Ernesto López y Pablo Juárez jonronearon por Nicaragua, en tanto Cheíto, Casanova, Muñoz y Medina lo hacían por Cuba. Porfirio fue bateado en un tercio de inning permitiendo dos carreras.

Abre Moya
Contra Dominicana, con la plata en el bolsillo, abrió Julio Moya, permitiendo 3 carreras en seis entradas y dos tercios. Nicaragua se impuso 10 por 3 con dos jonrones de Pablo, uno de Green y otro de Ernesto, dándole brillo a la medalla de plata, pese a estar cobijada por tanta pólvora. Fue el tercer triunfo de Moya sin derrota con 1.89, líder en efectividad.

Hace 30 años, en Medellín, el desempeño del béisbol pinolero fue excelente. El equipo funcionó demoledoramente al bate disparando 28 jonrones en los 12 juegos; contó con una defensiva sólida y un pitcheo que supo responder en momentos claves cuando se atravesaba por terremotos y tempestades.