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Cuando Justo Rivas abandonó la Selección Nacional en el 2011, incómodo por las sugerencias de Denis Martínez respecto a su condición física, no estaba en nada. Había perdido facultades, tenía una herida en el alma por la muerte de su madre, y tenía enterrada la motivación.

Nada que ver con el bateador que lució en la serie contra Cuba, en que fue el mejor pinolero al bate (.421), escoltando al isleño Rusney Castillo (.500), campeón de bateo del Mundial de Panamá.

Justo fue convocado para sustituir a Esteban Ramírez en el equipo nacional. Llegó y admitió que su mentalidad era otra y que se entregaría para hacer el mejor trabajo, y lo consiguió, aunque desafortunadamente faltó que encontrara más gente en circulación.

Se fue de 2-0 en el primer partido (2x1), pero hizo ajustes y se soltó con el madero. El miércoles bateó 4-2, y no pudo remolcar porque Rusney Castillo hizo un certero disparo a home para poner fuera a Dwight Britton. Bateó de 3-2 en el tercer juego, 4-1 en el cuarto remolcando la del empate a una, y cerró de 4-2.

Su actuación fue saludable, no solo porque ratifica que está en buenas condiciones y con grandes posibilidades de conquistar el título de bateo del “Pomares”, del que es líder con .405, sino que puede funcionar nuevamente con la Selección, especialmente en el clasificatorio para el “Clásico”.