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Otra vez los penales. Cero-cero durante 120 minutos, y victoria de España 4-2 en la definición desde los doce pasos, con Cristiano sin poder usar su turno, como si lo importante no fuera garantizar lo más pronto posible el aporte de tu mejor tirador. Hay mucho qué discutir, y mientras lo hacemos, España ya está en la Final, en tanto Portugal, que nunca ha ganado una Euro, regresa a casa.

Fue un partido extraño, con el suspenso como el factor más excitante durante ese largo cero-cero intenso y emotivo. Se trabó España frente a la presión propuesta y enérgicamente ejecutada por Portugal; los artilleros parecieron estar vendados, desviando la mayoría de sus disparos incluido Cristiano; se perdió Silva y Xavi fue reemplazado; pese a la presencia de Cristiano --custodiado por dos cada vez que incursionaba--, Almeida y Nani, todos hombres de área temidos, Portugal fabricó pocas opciones frente a Casillas, quien no necesitó hacer atajada alguna; Negredo pasó inadvertido y Del Bosque volvió con el falso nueve sacando a Cesc del banco; casi todos terminaron con tarjetas amarillas en sus bolsillos consecuencia del juego brusco; y en los penales, una carambola de Cesc Fábregas estableciendo el 4-2 irreversible, dejó a Cristiano sin poder tirar.

¡Ah, esa lotería de los penales! Casi la evita Iniesta en el minuto 103 en una entrada precisa recibiendo de Jordi Alba, asestando un derechazo, que Rui Patricio, de la familia “gatuna”, atajó en una contorsión digna del Circo del Sol. Fue lo más próximo a un gol visto en la extensa jornada, justamente cuando mejor jugaba España, ya destrabada en el alargue.

No fue un 0-0 aburrido, pero tampoco mostró una cuota de brillantez. España fue menos de lo esperado, y Cristiano no alcanzó el crecimiento de los dos últimos partidos contra Holanda y República Checa. La sospecha planteada ayer aquí, saltó rápidamente al escenario: Portugal atreviéndose a presionar acelerando, quitando pelotas, consiguiendo proyecciones, disparando desde lejos, desdibujando al Campeón del Mundo, que hasta en el alargue lució mejor y pudo resolver.

Cuando Alonso falla el primer penal, por la atajada de Rui Patricio, toda España siente que le han bajado las llantas, pero Iker los levanta frustrando a Moutinho. Así que el 0-0 continuaba. Iniesta y Pepe, 1-1; Piqué y Nani, 2-2; Ramos con un cuchareo magistral adelanta a España 3-2, y Bruno Alves, con Cristiano esperando, estrella su disparo en la escuadra derecha; el disparo de Cesc contra el poste izquierdo, que traza una diagonal vertiginosa hacia adentro, sepulta a Portugal. El rostro de Cristiano lo decía todo. Seguramente se sentía tragado por la tierra.

dplay@ibw.com.ni