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¿Quién, de todos los que nos sentimos emocionalmente mutilados cuando vimos el Estadio Nacional convertido en ruinas aquel 23 de diciembre de 1972, y creímos que verlo de nuevo en pie, con esa brillantez que le había proporcionado Carlos García para el Mundial de ese año, era tan imposible como el saneamiento del Lago de Managua, no estamos danzando frenéticamente entusiasmados, con el anuncio de su restauración financiada por Taiwan, hecho ayer por Rosario Murillo?

Sí, el monumento del deporte más popular de Nicaragua desde que Andrés Castro acertó la cabeza del filibustero con una recta, construido en 1948 y convertido en escombros en 1972 por el terremoto, será restaurado como el David de Miguel Ángel en Florencia o la Gioconda de Leonardo en el Louvre. Ese Coloso de concreto andando, nuevamente reluciente, no cojeante, herido por el sol, desamparado y amenazante, como lo hemos estado utilizando por tantos años, sin temor al riesgo.

Dichosos los que disfrutamos aquel Mundial hace 40 años. Ahí estaba el Estadio soñado, con esas graderías habilitadas con asientos metálicos, con los palcos especiales para el periodismo y los invitados, con esa pizarra eléctrica y el mensajero como el de los Mets en Nueva York en aquella época, con la iluminación comprada en Holanda, la grama tan cuidadosamente desarrollada, los cómodos vestidores y el sonido. “Me siento impresionado”, dijo Roberto Clemente, el astro boricua, quien venía de disparar su hit tres mil, al observarlo.

Fue Samuel Santos a Taiwan con la propuesta en su maletín, y regresó hinchado, porque además del financiamiento –no cuantificado por Rosario Murillo-, van a enviar ingenieros estructurales, un arquitecto y otros especialistas, para garantizar una restauración completa, del trabajo realizado por la firma Lacayo Fiallos.

¿Y las fallas? Deben estar ahí, pero han sido retadas por nuestro fanatismo sin límites por largos años, sin el menor factor de seguridad. Ahora, tendremos una construcción que naturalmente será fortalecida para responder a las exigencias. De no ser así, no se estaría invirtiendo tanto.

El estadio a restaurarse. ¡Qué buena noticia en el año del 40 aniversario de aquel Mundial! Permítanme salir del baño como Arquímedes y gritar ¡Eureka!

dplay@ibw.com.ni