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Dos sets brillantes imponiendo su experiencia y poder, y uno confuso, en el que pareció rebotar contra la solidez para responder desde todos los ángulos y distancias, de la joven polaca Agnieska Radwanska. Así, con una actuación “montaña rusa”, arriba-abajo-arriba, 6-1, 5-7 y 6-2, Serena Williams de 31 años, conquistó su quinta corona en Wimbledon, “hermanándose” de esa manera con Venus, la otra Williams, quien también tiene cinco en su vitrina. Ahora, la familia suma diez, y quizás quede algo más por conseguir en la llamada Catedral del Tenis.

El primer set dejó la impresión engañosa que Radwanska era aplastada por una montaña. Todos los esfuerzos de la polaca desde el fondo, llegándole a pelotas muy cruzadas, o solo viendo los balazos paralelos sin chance para reaccionar, fueron inútiles la mayor parte del tiempo. Serena Williams, majestuosa con su servicio destructivo, había establecido una distancia aparentemente insalvable, mostrándose llamativamente recuperada de la embolia pulmonar que hace meses la mantuvo hospitalizada.

“Soy un animal”, dijo recientemente en una entrevista, tratando de graficar su ímpetu demoledor cuando está en plenitud. Pero en el segundo set, algo se trabó en el “mecanismo” muscular de Serena, y lo que decidía su cabeza, no era ejecutado con la precisión requerida. Radwanska creció y viniendo desde atrás, registrando dos quiebres en momentos cumbres, se impuso 7-5 equilibrando la lucha un set por bando. La polaca forzó un 4-4, aguantó el 5-5 y se fue hasta 7-5 fabricando dudas razonables.

Y en el tercer set, otra vez “las bombas” de Serena, su explosividad y seguridad para definir. Radwanska peleó en el inicio 2-2, pero se quedó, y la estadounidense, fue encima con voracidad para resolver 6-2, impresionando a la multitud.

 

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