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¡Cuánta expectación provocó Kaká cuando fue contratado por el Real Madrid en un operativo financiero de 65 millones de euros previo a la temporada 2009-2010! El brasileño llegó junto con Cristiano Ronaldo, cobijado por la clarividencia del iluminado.

Sin embargo, atrapado por las lesiones, se dedicó a jugar con fuego especulando con su condición física pensando en la Copa Mundial de Suráfrica, y terminó “quemándose”. Nunca se recuperó por completo. Ahora, el equipo frustrado, trata de negociarlo, pero eso parece tan difícil, como mover el Arco del Triunfo, empujándolo.

Kaká, ganador del Balón de Oro 2007 con el Milán, y uno de los jugadores que cualquier equipo quería tener, fue en todo momento un riesgo para el Madrid, y los seguidores del equipo lo miraron como una pintura angustiante, acorralado por las sombras. Logró estar en el Mundial contra viento y marea, fajándose, y de inmediato, tuvo que ser operado de la rodilla izquierda, agregando el problema de una pubalgia crónica.

El último gran recuerdo que teníamos de él, fue esa parábola que Stekelenburg, el arquero de Holanda, sacó con las uñas en la Copa.

En la temporada de la reconquista del título de Liga que realizó el Madrid, Kaká consiguió más oportunidades de Mourinho, quien daba la impresión de ser un firme creyente en su restauración, pero apartando ciertos destellos, era obvio que no lograba “rimar”, y a ratos se veía desbordado por la dinámica del equipo. Su utilidad fue reducida a una mínima expresión, mientras DiMaría y Ozil, funcionaban estupendamente.

Los 35 millones de euros que exige el Madrid en la negociación, están fuera de la sensatez de cualquier equipo interesado, por todos los factores complicados que rodean al jugador de 30 años, con su confianza tan agujereada, como la de Napoleón en Moscú.

Por ahora, el futuro de Kaká es tan borroso como el combate a la pobreza en América Latina.

Si el Madrid no hace un drástico recorte en su pretensión, no podrá negociarlo, y tendrá que seguirle pagando el segundo salario más alto de la nómina. Su posibilidad de volver a resplandecer, se considera improbable.

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