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Para mí, cubrir los Juegos Olímpicos es algo fantasioso. No provocan tanto impacto como una Copa Mundial, pero son más intensos, apasionantes, instructivos y espectaculares. Cierto, no hay día libre, pero ¿quién piensa en eso frente al vértigo que nos atrapa? Estos Juegos son quita-sueño.

La Copa, es solo fútbol, y algunas veces se quedan muy cortas respecto a las expectativas, en cambio, los Olímpicos te ofrecen la oportunidad de ver reunidos a todos los “Monstruos” del planeta en las diferentes disciplinas, obligando a estar saltando de una erupción a otra, asombrándote día a día, momento a momento. Definitivamente, no hay comparación. La cabalgata de emociones es inagotable.

Para un cronista de deportes, el cielo está en los Juegos Olímpicos, evento de mayúsculo impacto en cual se puede ver correr hoy a Usain Bolt frente a Gay, Blake y Powell, y al día siguiente, disfrutar de la batalla entre los mejores fondistas del mundo mientras calientan motores los súper saltadores, y se está pendiente de las columnas de humo que se produzcan en la pileta, de las balaceras en ping pong, la belleza de la gimnasia, la exigencia del tenis, la presencia del equipo soñado en baloncesto, la agitación del boxeo, y los impredecibles duelos en fútbol.

No hay libreta de apuntes que aguante ni grabadora con suficientes baterías, porque hay que estar corriendo de un lado a otro, hot dog en mano. He estado en cinco Juegos Olímpicos y hay imágenes como las del cubano Alberto Juantorena, Oscar de la Hoya, Michael Jordan, Carl Lewis, Mary Lou Retton, André Agassi, Nadia Comanecci, Ian Thorpe, Donovan Bailey, Michael Johnson, Cathy Freeman, Ben Sheets blanqueando a Cuba; Camerún derrotando a España en fútbol; un cierre de 10 mil metros como el ofrecido por Gebressalasie para derrotar a Paul Tergat, que nunca se borrarán de mi mente.

Ese es un cocktail explosivo para cualquier cronista. Todo lo mejor del deporte mundial frente a nuestras narices en una sucesión casi frenética de imágenes mientras caen récords. Las Copas del Mundo producen un mayor impacto promocional y levantan polvaredas, pero no hay tanta grandiosidad junta, como la que ofrecen unos Juegos Olímpicos.

dplay@ibw.com.ni