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Levantándose de la lona después de dos derrotas, cubriendo sus heridas con una mano y utilizando la otra para abrirse paso con la espada, mostrando el impulso de un gladiador como el Máximo que nos graficó Rusell Crowe, Cuba ha logrado ganar el Torneo de Harlem en Holanda, derrotando 5-3 a Estados Unidos y 4-2 a Puerto Rico.

Los cubanos son un show en beisbol, por su fiereza ofensiva, por esa determinación en busca de vencer que ruge como un volcán agitado, por su forma de cerrar filas frente a las situaciones adversas, y sobre todo, por esa inmensa confianza que se tienen. En estos tiempos, con un drástico cambio en el paralelogramo de fuerzas en el béisbol internacional, no pueden ser los mismos fabricando resultados, pero sí lo son luchando con el corazón abierto, como si estuvieran lanzados al asalto de un cuartel.

Eso es lo que hicieron en este evento ganando cinco juegos consecutivos, incluyendo los ajustes de cuentas con Estados Unidos y Puerto Rico, sus victimarios por 3-2 y 5-2 al abrirse las puertas, lo que provocó una justificada alarma en la isla, con su gigantesca afición, “huérfana” de éxitos recientes, arañada por el escepticismo después de ver como perdían en la serie de fogueo con los universitarios de Estados Unidos.

A lo largo de la historia nos hemos acostumbrado a no parpadear frente a Cuba en béisbol. Puede ser mortal. ¿Cuántas veces los hemos visto salir del hoyo en el último instante con batazos decisivos, como ocurrió con estocadas de Marquetti, de Muñoz, de Gourriel, de Casanova, de Kindelán, y de tantos otros, incluyendo la de Kendry en el Latino contra Brasil en 2003? Son incontables los daños cardíacos ocasionados por Cuba saliendo de la olla de presión.

El equipo antillano inició su enderezamiento superando 2-1 a China-Taipei, continuó con una explosión ofensiva noqueando a Japón 12-1, y aseguró la clasificación liquidando 4-0 a Holanda. En semifinales, doblegó 5-3 a Estados Unidos, y ayer, con una arremetida de dos carreras en el cierre del octavo, quebró ese empate 2-2 con Puerto Rico. Yulieski Gourriel anotó por error, y el veterano Pestano impulsó la cuarta, sellando la victoria.

Sin tener enfrente a los oponentes que encontrará en el Clásico, mejor armados, de alguna manera, Cuba ha enviado una señal alentadora.

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