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¿Cuál es la diferencia entre este “Dream Team” de la NBA modelo 2012, que ayer “masticó” a España, doble Campeón de Europa y Plata olímpica, por 100-78, y aquel fantasioso de 1992, que maravilló al planeta en la cancha de Badalona? Yo pienso que Michael Jordan. Ese fabricante de magia, el mejor jugador de todos los tiempos, es quien establece la diferencia.

Sin Jordan, la comparación es tan complicada, como tratar de salir vendado del laberinto construido por Dédalo. Ahora, con Jordan adentro, no hay discusión. Recuerden que Larry Bird con problemas en la espalda y operado del talón, estaba en su última temporada a los 35 años, y que Magic Johnson fue sacado de su reciente retiro por el VIH y rotura en los ligamentos, regresando a las canchas hasta en 1996, solo por 32 juegos.

Cierto, Barkley, Pippen, Robinson, y resto de la tropa, estaban en plenitud, pero sus cifras del momento, se quedaban cortas frente al furor de los astros que ayer dominaron todo el escenario, moviéndose sin prisas como fantasmas, y desarticulando a un equipo integrado por jugadores calificados de la NBA como Pau Gasol, Ibaka, Calderón y Fernández, con la ausencia de Marc Gasol, y la pérdida de Ricky Rubio por lesión.

Antes que el moderno “Dream Team” saliera de Estados Unidos, Rose y Howard, jóvenes “monstruos”, se lesionaron, lo mismo que Wade y Bosh, y también Griffin, pero ¿qué importa eso cuando tienes a LeBron, Durant, Kobe, Antony, Westbrook, Deron Williams, Chris Paul, Chandler, Harden y el chavalo de los Hornets, Antony Davis, de 19 años? Con ese armamento, Aníbal hubiera derrotado a Escipión en la batalla de Zama, conservando su invicto.

Este “Dream Team 2012” no se vio suelto frente a Brasil, y en ciertos momentos se trabó con Argentina, lo cual indica que presenta cierta vulnerabilidad, pero es tan inmenso como aquel del 92, sin el terriblemente desequilibrante y mayúsculamente incidente, Michael Jordan.

James, Durant, Kobe, Antony y Williams a la trinchera, con una banca eriza-pelos. El show debe ser de ribetes espectaculares. No escucharemos lamentos por las pérdidas de Rose y Howard, ni por las acrobacias fantásticas de Blake Griffin.

dplay@ibw.com.ni