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Ciertamente, como se ha asegurado en forma atrevida pero finalmente sin exageración: Michael Phelps es físicamente, el producto más brillante que se ha creado como ser humano.

Todavía lo estamos viendo desde la butaca del asombro. Se trata de un nadador excepcional y posiblemente irrepetible, atleta que es dueño de una maquinaria muscular nunca vista, capaz de conseguir las más grandes proezas, como atravesar tempestades, arañar lo increíble, o ganar 19 medallas a lo largo de tres Juegos Olímpicos, 15 de ellas, de oro, adornadas en su mayoría, por marcas mundiales, mostrando una fiereza competitiva que haría empalidecer al propio Aquiles.

Ayer, Phelps reaccionó a un espectacular “robo de botín” que le hizo a plena luz del día el surafricano LeClos en los 200 mariposa, precisamente en el último instante, con la expectación del planeta suspendida encima de la ley de la gravedad, las bocas abiertas, los ojos abrillantados como diamantes, la incredulidad por reventarse, y nuestra admiración oscilando como esos acróbatas del Circo del Sol.

Con el cuarto mejor tiempo de la historia (1:52.96), LeClos robó el oro a Phelps en una llegada que necesita ser vista varias veces para comprobarlo. Eso cambió para plata la medalla 18 de Phelps desde Atenas 2004, igualando a la gimnasta ucraniana Larisa Latynina, quien brilló entre Melbourne 1956 y Tokio 1964, pasando por Roma 1960, con 9 oros, 5 platas, y 4 bronces.

Una hora después, restablecido física y mentalmente del impacto de esa derrota ante LeClos, que le impidió su tercer oro consecutivo en los traga-pulmones 200 mariposa, Phelps estaba ganando su medalla 19 –nuevo registro-, y la 15 de oro, en el relevo 4 por 200 libre. ¡Cómo resistió la feroz embestida realizada por el francés Agnel, hasta hoy el más temible rival imaginable para cualquiera en estos Juegos! Con el corazón en los dientes, Phelps evitó que le hicieran un segundo robo de botín en tan corto tiempo.

Esas 15 medallas de oro, dos de bronce y dos de plata, con tantos quiebres de marcas mundiales en estos ocho años del 2004 al 2012, pasando por su momento cumbre en Beijing 2008, obligan a preguntarnos: ¿Cuándo volveremos a ver alguien como él, si hasta Batman acaba de morir?