•   Londres, Inglaterra  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

México sacó el oro de la cueva de los leones, saltó, gritó y celebró al sonar de los mariachis: 2-1 a Brasil en la final del fútbol olímpico. ¡Diablos, fuimos testigos de otra aproximación al “Maracanazo”! Como en el corrido de Rosita Alvirez, el insistente atacante azteca Oribe Peralta, llevó su mano a la cintura, sacó la pistola, y nomás dos tiros le dio a Brasil, matando una vez más la ilusión envejecida de conseguir una medalla de oro.

Marcelo lloró, Neymar se mostró destruido, Juan quería que se lo tragara la tierra, Oscar seguía sacudiendo su cabeza lamentando haber desviado aquel remate con “olor” a gol en el último grito del drama, con el empate 2-2 dibujado, Brasil estaba conmocionado, pero el mundo seguía andando.

De entrada, el primer disparo, y Brasil se dobla estrujado por el asombro, viendo cómo la sangre fluye por la herida. Antes del primer minuto se produce una falla defensiva, aparece Aquino y hace la entrega inmediata a Peralta. El remate de derecha rasante junto al poste, desarma al arquero Gabriel. México estaba súbitamente adelante 1-0, entre los alaridos de cada taquería a kilómetros de distancia, pero quedaban 89 minutos. Una eternidad.

Brasil necesitaba más que eso. Supo presionar el equipo de Menezes, recuperar balones con rapidez, pero careció de chispa para culminar las maniobras que lograba tejer entrando al área, y aunque nunca se desvaneció como fuerza ofensiva, tampoco pudo desarticular a una defensa firme y sobria, segura de sus movimientos, con claro sentido de los cierres y los anticipos, y muy ágil en la obstrucción, respaldada por la capacidad de contención del medio campo, y su llegada como refuerzo, cuando Brasil intentaba apretar lo más posible.

Una y otra vez, Brasil fracasaba en la definición. Neymar con la derecha, Oscar disparando sobre la marcha, Hulk –que ingresó a los 32 minutos- de cabeza, Neymar ahora sobre el horizontal, Damiao desde afuera, y cuando fue necesario “algo más”, el arquero Corona cerró puertas.

Era necesario el gol del estribo, y a los 75, Peralta nuevamente, enderezando con su cabeza un centro de Fabián, y clavándolo hacia abajo, sin chance para Gabriel. El 2-0 se veía agrandado en la pizarra de Wembley. Brasil alterado, con la soga al cuello, no conseguía orden ni claridad, y México sostuvo esa ventaja hasta el minuto 90.

En el tiempo de reposición, Brasil tercamente intentó salir del hoyo, y el gol de Hulk, sobre un largo centro de Marcelo desde la izquierda, ligeramente acelerado por Damiao, estrechó la diferencia 2-1 a los 92. Quedaban dos minutos apenas, tiempo suficiente para esa filtrada de Hulk por la derecha, el quiebre hacia adentro, el cambio de pierna y el centro con la izquierda que va directo a la cabeza de Oscar frente al portón. Era el empate, pero el balón salió por arriba. Eso fue justo para México.

 

dplay@ibw.com.ni