•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Fue lamentable el espectáculo que ofrecieron Diriangén y Ferreti en Diriamba, con una actitud tan violenta que dejó a cuatro expulsados, aunque los hechos demostraron que era para más. El árbitro Julio Arvizú perdió el control del juego desde el principio al no sancionar jugadas fuertes que fueron calentando los ánimos y creando un ambiente hostil entre los equipos. Pero sin querer justificar a nadie, en los Caciques se está volviendo costumbre el juego brusco, que raya en la violencia, si no revisen lo que pasó hace una semana en ese mismo escenario ante el Managua.

En esa ocasión, fue un secreto a voces que la orden fue “tirar a matar”, más contra su excompañero, Herberth Cabrera.

En el duelo del domingo la historia fue similar. Desde el inicio se dieron acciones bruscas, provocando roces y mala intención conforme avanzaba el partido. Arvizú no supo medir lo que tenía en sus manos y de pronto el poco fútbol fue reemplazado por la violencia. De ahí las primeras expulsiones. Jessie López, del Diriangén, y Kenneth Vanegas, del Ferreti, se dieron de patadas como si se tratara de darle al balón y vieron cada uno tarjeta roja. Hubo otras jugadas, como la de Mario García, quien llegó empujando al portero diriambino que obligaba más determinación del árbitro. Como resultado de esa acción, García recibió varias patadas de sus rivales pero el árbitro no vio o pensó que no era necesario amonestar.

Tras esa agresión los roces fueron más fuertes. Hubo al menos dos conatos de pleitos masivos, y Arvizú parecía pintado en la cancha, nadie le hacía caso y daba la impresión de que él más que nadie quería que el cronómetro avanzara. Lo lamentable es que el fútbol que tanto necesita de buen espectáculo, deje una imagen tan bochornosa. Ojalá Fenifut tome sus medidas para que esto no se repita, y además que los clubes sean más responsables para ofrecer buen fútbol que mandar a golpear a sus rivales.