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Regresó anoche Osmar Bravo de Londres luciendo el mismo traje con el que llevó orgulloso la bandera de Nicaragua en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres. Su traje muy formal, saco, corbata y su sombrero, pero cargado de esa humildad y optimismo con que nos atrapó a todos desde antes de su primer combate.

“Sentí que quedé en deuda. Después que perdí con el ucraniano pasé cuatro días de cabanga porque sabía cómo mi país estuvo pendiente de la pelea y quedé triste porque no les di más alegrías. Gané una pelea, algo que no pasaba hace mucho tiempo pero quise más y no pude”, expresó el boxeador de Muelle de los Bueyes, quien fue recibido con aplausos por más de 30 personas que se encontraban en la terminal aérea, muchos de ellos esperando a sus familiares.

Pero después del cuarto día “alguien me dijo que el campeón del mundo, el cubano, ganó solo un combate igual que yo, por qué me sentía mal si hice un buen trabajo. Y me dije, las cosas acá no eran nada fáciles. Pero ahora quiero prepararme más duro para estar en los próximos Juegos Olímpicos y dar más pelea en busca de una medalla”, agregó.

Con su rostro duro, pero con evidente emoción, Bravo se confundió en un abrazo muy emotivo con su madre, Carmen Amador, para luego asegurar que lo único que necesitan jóvenes como él es la oportunidad de foguearse con gente de más nivel para mejorar. “Mi estadía en Gales fue clave para mejorar en mis peleas, y con algo así podemos tener más resultados”. Osmar se mantendrá en el boxeo aficionado, y ya viene pensando en prepararse para el Campeonato Centroamericano de Boxeo del que asegura Nicaragua debe recuperar su hegemonía.

Junto a Bravo llegó Edgard Cortes, quien no supo por qué hizo su peor tiempo en las eliminatorias de 800 metros en Londres. “Tampoco me explico qué paso, tendré que conversarlo con mi entrenador para analizarlo porque estuve largo de mi mejor tiempo”.