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Viendo al deporte cubano reducido a dos medallas de oro en Beijing, llegamos a pensar que después de aquel asombro provocado en Barcelona con un “botín” de 14 doradas, había entrado en “bancarrota”. Sin embargo, sus 11 de plata y 11 de bronce, para un total de 24 hace cuatro años, decía mucho sobre su derroche de coraje encima de las terribles dificultades por las que han estado atravesando.

La pérdida de aquel apoyo que le brindaban de diferentes formas los países del Este europeo encabezados por la URSS y la RDA, los asfixiantes problemas económicos agigantados durante períodos especiales, el espacio abierto a los profesionales, el agobiante acoso a sus mejores atletas, y las constantes deserciones, minaron el poderío del deporte cubano, pero no el empeño por sobrevivir como competidores en el más elevado nivel de exigencia.

Ha sido admirable ver fajarse a los cubanos en Londres, saltando encima de todas las adversidades, sosteniéndose como el país latino de mayor rendimiento. Esas 5 medallas de oro, con 3 de plata y 6 de bronce, un total de 14, y la posición 15 en el ranking, es el producto de una tenacidad indoblegable, un ejemplo para los países pobres, porque el esfuerzo está distribuido en varias especialidades.

Antes del aterrizaje de Fidel, Cuba solo había conseguido 6 medallas desde 1900, cinco del esgrimista Ramon Fonst, y una de los hermanos Cárdenas, en vela. Con la creación del INDER, surgió una nueva mentalidad en el deporte de la Isla y la estructura se transformó brusca y eficazmente. El deporte se convirtió en Cuba en algo vital, y los triunfos comenzaron a ser el resultado de un sistema educativo, en el cual la actividad muscular era parte integral.

Las Escuelas de Iniciación Deportiva, las de Educación Física, la preparación de entrenadores, la construcción de estadios con trabajo voluntario, la presencia de la industria deportiva y, por supuesto, las competencias, facilitaron producir atletas. No había en Cuba un laberinto de oficinas fabricando demagogia, sino dirigentes agilizando el corazón del movimiento deportivo, vigilando, orientando, abriendo camino a base de enseñanza, disciplina y poder físico.

Y ahí están los cubanos, en pie de lucha, como esos guerreros espartanos que tanto admiramos.


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