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Escuchando el programa de Radio La Primerísima “Círculo de espera”, me encuentro con una súplica conmovedora del manager del Bóer, Julio Sánchez, solicitándole a su otrora gruesa y terca fanaticada, que “por favor lleguen al Estadio” y apoyen al equipo más ganador del “Pomares”, en esta Serie Final con el Matagalpa, agregando que no es posible, que jugando como locales en Managua durante las semifinales, los fanáticos indios eran menos que los costeños, y no se hacían sentir.

¿Un manager del Bóer suplicando presencia del público? ¡Diablos! Esa es una actitud sin precedentes en nuestro béisbol, que obliga a preguntarnos ¿qué pasa con los boeristas, dónde se han ocultado y por qué se han esfumado de las tribunas? Sánchez me decía ayer, rascando su cabeza, que ese abandono inexplicable, es lo más doloroso, incluso, por encima de la pérdida como abridor de su astro derecho Álvaro López, afectado muscularmente y posiblemente limitado a relevos cortos.

En el cofre de mis recuerdos imperecederos, se encuentra aquella fidelidad a muerte de la barra india, que gritaba ¡Presente! a todo pulmón en los momentos más agobiantes, cuando el equipo batallaba contra la adversidad como lo hacía Ulises regresando a Itaca. Ese apoyo fue siempre impresionante, porque graficaba la entrega de un público a su equipo, con sus corazones sangrantes.

Aquella barra que confiaba en la producción de milagros, que aún en la época del béisbol profesional entre 1956 y 1967, se aferraba a la posibilidad de frotar la lámpara, como ocurrió cuando el propio manager Calvin Byron, como emergente en un alarde de atrevimiento, disparó el hit ganador de título enloqueciendo a la capital, o cuando en esta nueva etapa, el equipo venía desde atrás para arrebatar series que parecían encontrarse sepultadas, ha desaparecido.

Sánchez, que como jugador disfrutó de ese apoyo, desea verlo tan restaurado como la famosa pintura “La última cena” de Leonardo, y considera que no hay día más apropiado que mañana, cuando se ponga en marcha la final de este “Pomares”. Él sueña ver a los boeristas saliendo de sus rincones para volcarse a las tribunas y estimular al equipo.

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