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Súbitamente la pelea estaba girando hacia otro lado, como en un mundo al revés, patas arriba como lo estaba sorprendentemente Sergio Martínez, diría Eduardo Galeano. Con su promocionada furia casi amortajada, su determinación congelada y las promesas de hacer la pelea de su vida, hechas añicos, Julio César Chávez hijo estuvo a punto de resucitar en los últimos dos minutos del combate pactado a 12 asaltos, cuando derribó estrepitosamente al argentino, claro favorito, y hasta ese momento amplio dominante, Sergio “La Maravilla” Martínez, quien finalmente se apuntó la victoria con todo el mérito requerido.

Durante 11 asaltos y un minuto, no hubo pelea. Para que eso ocurra se necesitan dos peleadores, no uno. Y anoche en Las Vegas, Julio César Chávez Jr. fue por largo tiempo, un sparring muy estático, sin plan y consecuentemente sin ideas ni variantes, frente a un adversario infinitamente superior que supo moverse con agilidad, combinar sus golpes, aplicar descargas, mantenerlo a raya y derrotarlo.

La movilidad de Martínez, la rapidez de sus manos que parecían multiplicarse frente a un Chávez completamente inutilizado, sumergido en la impotencia, sin latidos en su corazón guerrero, ese dominio impresionante de la geometría del cuadrilátero sin mucho esfuerzo, el adecuado manejo de lo especulativo, y el invaluable peso de la experiencia acumulada, hicieron que nos preguntáramos ¿dónde estaba el hijo del tigre que nunca rugía? Round que moría, hacía nacer otro igualmente martirizante para el azteca, que en las tres ocasiones que inició ofensivas mostrando atrevimiento, fue sometido por respuestas inmediatas.

En cierto momento, inicio del asalto 11, Chávez parecía estar extremadamente agotado por su inutilidad frente al rival incontrolable que lo golpeaba con diferentes frecuencias, velocidades y ángulos en un alarde de superioridad. La única posibilidad era el estallido de un bombazo, o una descarga como la aplicada por su padre a Meldrick Taylor.

Lo descarté, pero de pronto, estaba ocurriendo mientras mis ojos frente a la pantalla seguían agrandándose por el asombro. Chávez, por fin consiguió el impacto deseado, no propiamente buscado. Martínez se retorció dramáticamente en el piso y se levantó difícilmente. A diferencia de su padre, el junior está muy verde para realizar un remate, y hasta ayudó con ese empujón que volvió a colocar a Martínez en la lona. El argentino consiguió la claridad mental para poder sobrevivir al amago de infarto, y con los puntos acumulados, una tonelada, obtuvo la victoria por unanimidad, 117-110, 118-109 y 118-109 y reclamar el cinturón mediano del WBC que por un tiempo tuvo en su poder.