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Es fácil imaginar al astuto, competente y arrogante Jose Mourinho, vestido súbita e imaginariamente como el Rey Salomón y cobijado por su sabiduría, decir después de un Clásico como el visto el domingo: “debería ser prohibido preguntar ¿quién es el mejor entre Cristiano Ronaldo y Lionel Messi?”, agregando: “los dos son fantásticos, jugadores de otro planeta”.

Apenas exageraba el portugués, que durante tanto tiempo, insistió, a sabiendas que no podía ser categórico frente a la grandiosidad creciente de Messi, que Cristiano era el mejor. No es común ver a Mourinho “doblar su rey” en el tablero de las más encendidas discusiones, y admitir al mismo tiempo la estatura del Barcelona como súper-equipo, con el Madrid actual, de igual tamaño.

¿Qué tomó Mourinho antes de presentarse en la conferencia de prensa? Será que la ausencia de Pep Guardiola le ha inyectado un poco de humildad, ahora que el otro hombre en el banquillo es el tranquilo Vilanova.

Eso sí, a favor de Cristiano volvió a decir que el merecedor del Balón de Oro, debería estar vinculado a una gran conquista, como fue el título de Liga para el Madrid, y que aún con su cifra récord de goles, el Barsa se quedó corto. Pero dejó claro, que no importa quién sea el ganador de la distinción, porque el nivel de ambos, está fuera del alcance de los retadores.

Son dos jugadores de características diferentes, pero que a diferencia de Pelé y Maradona, han coincidido en tiempo, campos de batalla, y lupas para observarlos y valorarlos mientras se proyectan como fenómenos, lo cual facilita el atrevimiento de las comparaciones con mejor soporte.

Cristiano aparece en pantalla como más completo por su exuberante fortaleza física, velocidad de sprinter, el uso de sus dos piernas, mayor poder de disparo, facilidad para maniobrar, y temible por arriba por su estatura y esa cabeza letal; en Messi se observa una mayor destreza, sobre todo, en los espacios cortos, mejor arquitectura, sexto sentido y uso más reiterado de lo imprevisto, agregando ese olfato que identifica a los goleadores de cuna; sin embargo, todavía necesita afinar su pierna derecha, y por arriba es casi inadvertido, sin tener la capacidad muscular de Cristiano para prevalecer en los choques, pero en resultados, y en ofrecer show, saca por ahora algunas pulgadas de ventaja.

Mourinho tiene razón. El Balón de Oro 2012, debería de ser compartido.

 

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