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BUENOS AIRES -- La historia de Lance Armstrong es extraordinaria.

-¿De quién?

-De Lance Armstrong, el mejor ciclista de la historia. Ganó el Tour de Francia, la más dura y prestigiosa carrera de ciclismo, durante siete años consecutivos, después de haber padecido un cáncer de testículo.
-Pobre tipo.

-A los 25 años le diagnosticaron un cáncer en estado avanzado, con metástasis en los pulmones y en el cerebro. Lance narra sus tribulaciones y cómo se construyó el "milagro" en un libro bellísimo, Mi vuelta a la vida, que apareció este año.
-¿Lo leyó?

-Claro. Pero no vaya a creer que es uno de esos típicos manuales del estilo "háganlo como yo", retórica habitual en los enfermos de cáncer que consiguen, en base a tratamientos y estratagemas varias, recuperarse. Lance sabe que lo suyo fue un caso excepcional, y que en gran parte se debió a que poseía un físico privilegiado, que le permitió soportar dosis de quimioterapia que hubieran acabado con la vida de cualquiera.

-De modo que ninguna conmiseración de enfermo que se siente más cerca de dios y de las moscas... Ningún consejo a quienes padecen la misma enfermedad.

-No, Lance Armstrong no es un ejemplo. Encuentra, sí, que la enfermedad cambió radicalmente su vida, que hay un Lance Armstrong antes del cáncer y otro después, pero Lance, inteligentemente, no trata de ir más allá de su propio empecinamiento por recuperarse y volver a las carreras, y para ello encuentra una analogía benéfica entre las carreras de ciclismo y el cáncer.

-¿Qué analogía?
-Lance entiende que quien padece esa terrible enfermedad también está tratando de alcanzar una meta y esforzándose por llegar a ella con vida. En un momento dice: "Quiero morir a los cien años de edad con una bandera americana a la espalda y la estrella de Texas en el casco, tras descender gritando por los Alpes sobre una bicicleta, a 120 kilómetros por hora.

Quiero cruzar una última línea de meta y oír a mi esposa y a mis diez hijos aplaudiendo, y luego quiero tumbarme en un campo de esos famosos girasoles franceses y expirar con elegancia: es decir, la antítesis perfecta de la patética muerte que un día me anticiparon." A fin de cuentas, Lance viene a decirnos: debemos aspirar a morir con elegancia, que hay fórmulas sociales e institucionales, usos y costumbres, derechos y deberes que pretenden sublimar la desnuda animalidad del hombre, y que le permite a cada uno tener o recuperar cierto abrigo en la intemperie, aún en medio del dolor más extremo.

-Bien, ¿y a qué viene todo esto?
-A que Lance Armstrong acaba de anunciar que volverá a correr, después de haberse retirado en 2005, después de la última victoria del Tour de France. El mes pasado se inscribió en la Agencia Antrdoping de Estados Unidos, paso inevitable para poder correr. Y parece que tiene intenciones de publicar en Internet sus valores sanguíneos para asegurar la total transparencia y mostrarle al mundo que es un atleta "limpio".

-¿Lo acusaron de doparse?
-Naturalmente... Hace tres años el diario frances L'Equipe publicó unos análisis de las muestras de orina de Lance que databan de 1999, y que arrojaban la existencia de EPO, sustancia que en aquel año era indetectable. Lance siempre negó eso.

-Y ahora vuelve...
-Y pretende participar en el Tour de California, en el París-Niza, en la Vuelta de Georgia, en el Dauphiné Libéré y, claro, en el Tour de France.

-Ojalá tenga suerte.
-Ni siquiera le hace falta. Ya va a ver. Vamos a cansarnos de ver ganar a Lance Armstrong.