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Usted puede soñar, desear y matarse en el esfuerzo, y aun así, no puede conseguir lo que busca. No les crea a esos oradores motivacionales que tanto le dicen eso, porque no es cierto. Ahí tienen a estos Orioles de Baltimore que pasaron todo la temporada excediéndose en su rendimiento persiguiendo a los Yanquis con una fe mueve montañas, y continuaron haciéndolo con perseverancia, coraje y determinación espartana, pero finalmente no lograron superarlos. Ellos murieron ayer en Nueva York al ser inutilizados por el pitcheo de un inmenso C. C. Sabathia.

Los Yanquis, imponiéndose 3-1, solo hicieron prevalecer la ley del más fuerte muscular y financieramente, fueron Goliat doblando las rodillas de David, sepultando sus ilusiones, y han conseguido con el hit impulsador de Ibañez, el doble oportuno de Ichiro y el jonrón de Granderson, una victoria por 2-1 que los coloca frente a los Tigres en la batalla por el banderín de la Liga Americana, tratando de atrapar el boleto para la Serie Mundial.

¿Quién de nosotros no simpatizó con los Orioles viéndolos luchar casi sin respirar persiguiendo la proeza? Todavía en el octavo, perdiendo 3-0 ante este Sabathia que lanzaba para sólo un hit, enviaron una señal de vida con el batazo productor de Lew Ford, y llenando las bases con un out, y la presencia del peligroso Nate McLouth -quien había conectado un casi-jonrón en el sexto-, en el plato, amenazante, con Hardy, el héroe de última hora la noche anterior, en el círculo de espera. A la orilla de la olla de presión, el manager Girardi confió en Sabathia, y este en lo que le quedaba de energía y sabiduría en su brazo zurdo, sacando los dos outs con ponche y roletazo. En ese momento, David perdió su honda y se quedó sin piedras.

Retando a Sabathia, el derecho de 30 años, Jason Hammel, estuvo perfecto por cuatro entradas, pero en el quinto, hit abridor de Teixeira, robo, y cohete rasante de Ibañez, adelantó a los Yanquis 1-0. De inmediato, en el inicio del sexto, un enorme batazo de McLouth describiendo una parábola macabra para la multitud en Nueva York, se abrió de faul por milímetro y medio, y mientras los corazones controlaban la angustia, la posibilidad del empate se esfumó, cuando los árbitros, después de reunirse y ver el video, mantuvieron el fallo.

Con David aturdido, el Goliat yanqui continuó su ofensiva fabricando una carrera en el sexto y otra en el séptimo, proporcionándole a Sabathia, esa ventaja irreversible de 3-0, solo recortada 3-1. En una tarde de sudor y lágrimas como diría Churchill, murieron los Orioles. No los olvidaremos como soñadores esforzados, próximos al milagro.

dplay@ibw.com.ni