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Pete Rose y Barry Bonds fueron tan apasionados como Balzac buscando la perfección literaria o Napoleón en busca de ejercer militarmente el mayor dominio posible. Es la única forma de abrirse paso hacia la grandeza y sostenerse. Cada uno de ellos tenía suficiente talento, se imponían tareas, y actuaban impulsados por una voluntad invencible, que superaba cualquier tipo de resistencia.

Rose y Bonds estaban trabajando siempre. Se olvidaban hasta de las navidades con tal de utilizar tiempo para aplicar correcciones en un deporte cuya esencia son los ajustes. Sus biografías -más allá de diversos cuestionamientos- son un ejemplo de cómo luchar persiguiendo objetivos.

Alex Rodríguez es uno de los peloteros más grandiosos que hemos visto. Hijo de una esforzada mesera que trabajaba horas extras para garantizarle el soporte requerido, Rodríguez comenzó a proyectarse espectacularmente hasta convertirse en una amenaza para todas las cifras ofensivas existentes, y llegar a ser el mejor pagado. El chavalo que ayudaba a su madre a contar las propinas, tenía ahora más de un millón de dólares mensuales para vivir.

A Balzac, como a Rodríguez, le atraía la comodidad, se obsesionó con ingresar a la aristocracia, buscó incluso matrimonios de conveniencia, pero nunca permitió que su pasión por la superación literaria fuera carcomida. Como Napoleón, trabajaba un mínimo de 18 horas diarias, y su combinación de obras “La comedia humana”, es una joya, como lo es para Rose juntar todo lo que hizo, y como sería para Alex, tumbar marcas consideradas imposibles, propósito ahora fuera de su alcance por ese deterioro en su rendimiento.

No es fácil ser el mismo con 30 millones anuales, moviéndose en los círculos de Madonna, saliendo a trasnochar con Camerón Díaz, como lo encontré en La Romana, cuando Denis entró al Salón de la Fama latino. En 1975, en el Hotel Tamanaco de Caracas, le dije a Carlos Monzón que no era el mismo, que había cambiado, y que eso lo iba a perjudicar. “Soy el mismo, y mi pasión por el boxeo está intacta”, respondió. Sus gustos habían cambiado, su círculo de amistades también, sus intereses económicos exigían un manejo concentrado, pero ciertamente mantuvo su pasión por el boxeo, y eso le permitió resolver dos veces a Rodrigo Valdés.

Lesiones aparte, desde hace un buen rato, Alex perdió esa pasión que siempre acompañó a Balzac, pese a su atracción por el aburguesamiento.

 

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