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Los Gigantes completaron un espectacular resurgimiento derrotando 9-0 a los Cardenales, sacándoles del bolsillo el boleto para la Serie Mundial. Por tercera vez desde que los Play Offs se ampliaron en 1995, los Gigantes llegan a Clásico, que perdieron ante los Angelinos en el 2002, y le ganaron a los Rangers en el 2010.

¿Alguien vio a los Cardenales por ahí? Ni siquiera deambulando. Ninguna señal del equipo embravecido, capaz de meter en el hoyo al enemigo y exigir con prepotencia un boleto anticipado para la Serie Mundial, con ventaja 3-1 que parecía irreversible. Un “comodín” casual, desnudo y enclenque, fuera de lugar, exactamente así se vieron los Cardenales mientras sus esperanzas eran masticadas por unos Gigantes inspirados y enfurecidos, atacando con precisión, y edificando una diferencia aplastante por 7-0 en las tres primeras entradas del duelo crucial por el banderín de la Liga Nacional.

Como escribí hace unos días, yo estaba en primera fila frente al televisor haciéndole barra a los de San Francisco, con los cuales nunca he simpatizado, ni siquiera en los tiempos de Willie Mays y Juan Marichal, por ser un dodgerista desde los años 50, lo mismo que yanquista en la otra liga. Y quería que ganaran los Gigantes, para evitar que un segundo “comodín”, estuviera disputando la Serie Mundial. Ojalá nunca veamos enfrentarse a los números 5 en cada liga. Sería ofensivo para el béisbol, aunque quizás estupendo para el negocio.

Los Gigantes entraron directamente a matar: machucón de Pablo Sandoval empujó a Pagan en el cierre del primero adelantando a San Francisco 1-0; gran atrapada del short Crawford sobre batazo envenenado de Lohse con dos en posición anotadora, decapitó la posibilidad que los Cardenales voltearan la pizarra en el inicio del segundo; hit de Cain remolcó a Blanco y estiró la diferencia 2-0 en el cierre; doble de Pence a la izquierda del short contra Joe Kelly, barrió las bases que Lohse dejó cargadas, y ahora la ventaja se amplió 5-0 en el tercero; los Gigantes volvieron a llenar las bases, y con roletazos de Crawford y Pagan, se escaparon 7-0.

En ese momento, antes que los Gigantes con cierta crueldad, agregaran dos carreras más, una por roletazo para doble matanza y otra por vuelacerca en el octavo de Brandon Belt por el bosque derecho, los televisores se apagaron en San Luis. Para los Cardenales, la temporada había terminado, mientras tanto en San Francisco, entre la euforia, fue inevitable sentir un dolor de cabeza al pensar ¿cómo batearle a Justin Verlander mañana?, algo tan difícil, como meter un rayo en una botella.

 

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