•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

¡Qué noche para los incrédulos! Justin Verlander, el mejor pitcher imaginable, fue bombardeado perdiendo su brazo derecho en solo cuatro entradas, y Pablo Sandoval, quien no ha disparado más de 25 jonrones en una temporada, con solo 12 este año en 396 turnos, y racha de 43 juegos sin volarse la cerca entre el 8 de julio y el 19 de septiembre, se juntó con Babe Ruth (1926 y 1928), Reggie Jackson (1977) y Albert Pujols (2011), formando el cuarteto de bateadores de tres jonrones en un juego de Serie Mundial.

Al ver esa erupción de Sandoval, con los Tigres ocultos entre los escombros de esa derrota por 8-3 ante los Gigantes en el primer duelo de la Serie Mundial del 2012, todos nos preguntamos agujineados por el asombro, incluyendo Willie Mays quien estaba en los palcos: ¿Ese era Pablo?

En una de las esquinas del Estadio de San Francisco, hay una estatua del más grande de todos los Gigantes, Willie Mays. Seguramente Pablo Sandoval se ha detenido frente a ella, la ha quedado viendo revestido de admiración, y pensado: ¡qué difícil es llegar a ser como él! Pablo, hay un detalle que te interesa, no para sentirte más grande que Mays, cuya inmensidad lo hace incomparable entre los Gigantes, sino como un toque de distinción: Willie nunca pudo descargar tres jonrones en un juego de Serie Mundial. Y asústate ¡nunca se voló la cerca en 20 juegos durante los cuatro Clásicos en los que participó!

Robándose el show con tanto estrépito, Sandoval que agregó un hit contra José Valverde en su cuarto turno, le facilitó al severamente golpeado Verlander, pasar inadvertido al salir del parque; evitó que Marco Scutaro tan encendido, fuera acosado por los caza-autográfos; hizo que pocos recordaran las dos grandes atrapadas del venezolano Gregor Blanco, cada una de ellas con un gran significado en su momento; y obligó a obviar el gran relevo medio de Tim Lincecum.

Cuando cayó el último out, con el amplio favoritismo de los Tigres hecho astillas, Willie Mays no se levantó de su butaca. Estaba revisando en el disco duro de su memoria, mientras escuchaba los acelerados latidos de su corazón, las imágenes de Sandoval descargando sus tres jonrones, dándole la vuelta al cuadro. ¡Qué impresionante fue eso! Lo improbable convertido en una proeza. Mays lo vio, pero seguía sin creerlo, preguntándose como nosotros. ¿Ese era Pablo?

 

dplay@ibw.com.ni