•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Hay una imagen del segundo juego en esta Serie Mundial que congeló nuestro sistema nervioso, y es la de Doug Fister, pitcher de los Tigres, con su cabeza golpeada por esa línea de Gregor Blanco, que continuó hacia el jardín central. Me hizo recordar de inmediato, aquella línea del cubano Alberto Hernández, impactando en la frente al zurdo Oswaldo Mairena en Edmonton 95, y regresando con la velocidad de otro pitcheo. Es lo más cerca que he estado de una tragedia en un terreno de juego, porque nuestras butacas de transmisión estaban colocadas detrás del plato en primera fila.

La línea del yanqui Gil McDougald contra el ojo del zurdo de los indios Herb Score el 7 de mayo de 1957, encabeza el ranking de momentos escalofriantes vividos en la colina. Score era en aquel tiempo, la futura joya monticular del béisbol, y nunca volvió a ser el mismo. Entre tantos batazos que zumban directamente hacia la cabeza de un pitcher, como la que estremeció aquí al cubano Duvergel, hay uno, que por haberlo visto en constantes repeticiones por TV, se convirtió para mí en imborrable, y es la conectada por Sandy Alomar, directamente hacia Mike Mussina. El Camden Yard quedó aturdido, y algunas vigas gimieron.

Este año, el 5 de septiembre, Brandon McCarthy de los Atléticos, fue golpeado en la cabeza por un batazo de Erik Aybar de los Angelinos. La pelota se desvió hacia tercera y Aybar fue out en primera. Después de un rato caído, con los alientos del público sostenidos, McCarthy se levantó y salió caminando. Una tomografía reveló hemorragia epidural, contusión cerebral y fractura de cráneo. Levemente recuperado, dijo: “las cosas podían haber sido peor”. No se sabe si McCarthy volverá a lanzar.

Fister no salió de juego el jueves. Continuó lanzando y fajándose en un duelo de ceros con Madison Bumgarner que se extendió hasta el séptimo inning, pero hay temor por la secuela que produce un impacto de esa magnitud en la cabeza. Serán los estudios médicos los que dirán si puede volver a trabajar en esta serie en caso de alargarse.

“Me dio miedo ver eso”, dijo en la caseta de los Tigres Justin Verlander, cuyos lanzamientos de 100 millas, erizan los pelos de cada bateador. La distancia entre ellos es de apenas 60 pies y 6 pulgadas. Un trayecto tan riesgoso en béisbol como el desfiladero de las Termópilas.

 

dplay@ibw.com.ni