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El cabezazo de Wanyama en el minuto 21 sobre la ejecución de un corner, y el contragolpe letal concretado por Watt en el 83, arrodillaron al Barcelona ayer, quitándole todo interés al gol de Messi tomando un rebote del arquero en el 91, cuando ya las campanas estaban doblando por el invicto azulgrana. Una vez más, quedó demostrado que nadie es perfecto, ni el Barsa, tan expuesto a riesgos como lo hemos visto en la Liga y en la Champions.

¿Recuerdan cómo fue necesario un gol a última hora de Jordi Alba en la tercera jornada de esta Champions, para doblegar al Celtic 2-1 en el Nou Camp? El viejo antídoto para la magia: el daño que puede provocar un buen atrincheramiento, si se dispone de ventaja en el juego aéreo, y se utiliza la contraofensiva como un recurso mortífero. Esas son las armas que el equipo escocés hizo valer para apretar el cuello del Barsa, colocarlo contra la pared sudando y sangrando, y vencerlo 2-1.

El Barsa volvió a ser dueño del balón, presionó insistentemente con esa facilidad de maniobra que termina enloqueciendo al enemigo, malogró varias oportunidades claras, estrelló dos remates en travesaño y poste por zurdazo de Messi y cabeza de Alexis, tuvo paciencia sin dar tregua, pero los goles los hizo el Celtic, y esa es la matemática que vale. No hay nada que discutir.

¡Qué grande se vio Wanyama elevándose majestuosamente para rematar con potente cabezazo perfora-Valdés, ese cobro de corner por parte de Mulgrew, extendido al segundo poste, y qué pequeños parecieron ser Jordi Alba y Dani Alves intentando estorbar al keniano! Ese fue el 1-0, y en la recta final, la pelota que falla el gran Xavi, casi siempre preciso, dejando fuera de foco a Masherano atrás, aturdimiento aprovechado estupendamente por el sprint de Watt, cuyo latigazo de derecha sentenció el partido.

Todo rival se repliega y levanta un muro frente al Barsa, que pese a estar realizando un juego de más rápida progresión en el área, y contar con Messi, que ayer funcionó muy tarde y con una pelota encontrada, está necesitando de muchos imprevistos para llegar a las redes. En contraste, atrás, abre espacios y comete fallas que lo acuchillan.

 

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