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Conocí a Carmen Basilio, mucho antes de saludarlo personalmente por única vez, cuando Alexis Argüello me lo presentó en el año 2000 en Canastota, en su restaurante “Graziano”, con motivo de una de las inducciones al Salón de la Fama, a la que asistí invitado por el flaco. La mirada todavía fiera, brillaba, aunque sin poder ocultar las arrugas que traza sin delicadeza, el paso del tiempo.

Lo conocía, y muy bien, a través de las crónicas de los irrepetibles cubanos Jess Losada y Eladio Secades en las revistas Carteles y Bohemia, parte de mis lecturas en tiempos de estudiante atraído por los deportes. Ahí estaban graficadas con singular maestría, sus combates épicos con Kid Gavilán, Tony DeMarco, Johnny Saxton, Gene Fullmer, y por supuestas sus dos batallas memorables con Ray “Sugar” Robinson, síntesis de hombría, fiereza, audacia, y hazaña, que deberían estar grabadas en algunas de las Pirámides de Egipto, como un reconocimiento a su grandeza. ¿Se imaginan una victoria y una derrota, frente al más grande de todos los tiempos?

Por uno de esos extraños designios del destino, Basilio nació en 1927 en Canastota, futura sede del Salón de la Fama del boxeo, y formó parte en 1990, de la primera promoción junto con “Sugar” Robinson, Muhammad Alí, Rocky Marciano, Joe Louis y Jake LaMotta. ¡Uhh!

Por encima de su récord en 79 peleas, registrando 56 victorias (27 por KO), 16 derrotas y 7 empates, hay un detalle que ilumina su trayectoria: fue protagonista cinco veces consecutivas de “la pelea del año”, según la calificación de The Ring, entre 1955, la segunda con DeMarco, y 1959, la primera con Gene Fullmer, incluyendo la segunda con Saxton 1956, y las dos con Robinson en 1957 y 1958. ¿Qué les parece?

Fue capaz de pelearle y ganarle con un ojo clausurado desde muy temprano a “Sugar”. Poco le importó tratar de verlo detrás de una cortina de sangre para forzar la pelea adentro y machacar sus costillas a puro instinto, descargando toda su furia sin pausas. Basilio casi cae en los asaltos 13 y 14, pero siempre tuvo aliento para reaccionar contragolpeando consistentemente, y saliendo como inyectado con una dosis extra de fogosidad, en el round 15, haciendo aullar a las butacas y ganando una decisión dividida.

Su trayectoria, fue dibujada con sudor y sangre, aunque sin lágrimas, porque un hombre como él, allá entre las fieras del ring, jamás lloró.

 

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