•   Panamá  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Me siento extraño, lo confieso. Como si me encontrara perdido en el mundo del acertijo. En esta etapa eliminatoria que se realizará en Panamá a partir del jueves, con cuatro equipos buscando un boleto para el Clásico del 2013, veo al conjunto nica balanceándose junto a Colombia, Brasil y los locales, en la hamaca del “cualquier cosa puede pasar”. No estamos entre los favoritos, y tampoco entre los no favoritos. Sabemos lo que tenemos, pero no manejamos el paralelogramo de posibilidades, por no tener certeza sobre la dimensión que pueden alcanzar o el deterioro que podrían sufrir, cada uno de los adversarios.

Quizá es lo mejor imaginable, porque cada vez que hemos sido considerados como favoritos, nos derrumbamos, y cada vez que el diagnóstico es “seguro descarte” impactamos sorprendiendo. No se trata de una constante por supuesto, pero ha ocurrido la mayoría de las veces a lo largo de casi un siglo, sin poder ganar un evento de significado desde nuestra presencia en los Centroamericanos y del Caribe en 1935 en San Salvador.

Algo parecido a “la maldición” de los Medias Rojas, y ahora la de los Cachorros. En 1948 éramos favoritos como locales para coronarnos en la Serie Mundial y nos hundimos; en 1972, después de fracasar en Dominicana, con la Selección cobijada por un escepticismo mayúsculo, se registró una formidable actuación en el tercer Mundial pinolero; en 1983, naufragamos en la Copa de Bélgica, y con medio país oponiéndose al viaje a Caracas, se ganó la medalla de plata; en el 87, sobre la mayor expectativa que se ha construido, fuimos a los Panamericanos de Indianápolis y nos atropellaron brutalmente; en el 90, no se esperaba tanto, y se logró el subcampeonato en Edmonton. Y así hemos pasado, con nuestro béisbol rebotando en las paredes del purgatorio que grafica Dante en su Divina Comedia.

En este tipo de torneos, con los equipos casi sin adiestramiento, los peloteros saturados, el nivel de rendimiento de cada uno de ellos intrigante, el trayecto tan corto, y el mecanismo poco común, no hay sitio para los pronósticos. Con ronda de ganadores y de perdedores, con cruces imprevistos, cada juego es crucial, por eso me agrada que el viernes contra Colombia, abra Erasmo Ramírez. Ganar, equivale a agrandarse, doble significado. No es un evento para reservar algún brazo. Sencillamente vas con el mejor disponible día a día, y de eso, todos estamos claros.

Hay que acomodarse en la butaca del optimismo y cruzar los dedos. Lo que necesitamos, es algunos raptos de inspiración, diría Rubén.

 

dplay@ibw.com.ni