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Sé muy poco de billar, casi nada, pero mucho sobre las valoraciones del plus esfuerzo, ese que te puede elevar a alturas insospechadas y acercarte a proezas no imaginables. Y sé sobre eso, porque he pasado la mayor parte de mi vida a la orilla de quienes, en un medio tan cerrado, saliendo desde abajo para tomar retos de mayúscula exigencia, abriéndose paso entre factores adversos, han sido capaces de sorprenderse a sí mismos con ejecutorias que provocan asombro, tal fue el caso del jovencito Gabriel Cuadra, quien nació afectado por una parálisis cerebral, y este año en Londres, en los Juegos Paralímpicos, estableció una marca continental en los 800 metros, frente a la mirada emocionada de los ojos humedecidos de su madre Ericka.

Ahora estoy conversando con Karem García, a quien conocí en Pool Ocho, en una de las sesiones de entrenamiento en su especialidad “Bola 9”, y aunque no puedo calibrar la destreza sobre el tapete de esta jovencita adiestrada por Joseph Mejía, me resulta difícil de creer que haya estado a un paso de disputar el título mundial juvenil en Alemania hace unos días. ¿Cómo fue posible que volara tan alto?

Raramente, Carlos Rivera, el dinámico dirigente de la Federación, no parece sorprendido, como si hubiera esperado una actuación tan brillante que incluyó la resonante victoria sobre la polaca Olivwia Czuprynska, en un duelo tenso, salpicado de alternativas que mantuvieron el resultado oscilando como un bailarín sobre un alambre. Finalmente, Karem se impuso 7-5 para colocarse ante la temible belga Kamila Khodjaeva, quien fue su victimaria aquí en Managua en el 2009, más chavala.

Me informan que utilizando un fino juego defensivo de avanzada geometría, Kamila supo robarle la inspiración a Karem tomando una ventaja irreversible de 4-0. ¿Qué fue lo que pasó en el momento cumbre, con la final por el oro haciéndole señas? “Me afectó la presión. No sé por qué, en vista de que debía sentirme fortalecida por la victoria sobre Olivwia, y naturalmente jugar con más seguridad. Pero me faltó concentración para conseguir la precisión deseada. Estaba tan cerca de ser finalista y de pronto me vi tan lejos, que no pude reaccionar con el empuje requerido”.

¿Cuál es el futuro de esta joven de 19 años en el billar mundial de alta competencia? Imposible saberlo cuando se lucha desde un medio tan discreto y cerrado, pero quizás sea el comienzo de una gran historia.

 

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