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Mañana en la UCA será presentado el libro “De Cayasso a Nemesio”. Los recientes fracasos en Panamá, tanto en el Mundial como en la competencia para el Clásico nos retratan de cuerpo entero hasta dónde hemos descendido. No hay frustración donde no hay aspiración y nos reconfortamos con vivir la excepcionalidad de los atletas criollos que han alcanzado el béisbol de Grandes Ligas.

Es posible que de la mano de esas nuevas estrellas volvamos a vivir sueños de gloria, como los alcanzados con Denis Martínez. Alguna recompensa habrá de tener esa noble y devota afición del béisbol en Nicaragua. Mientras eso sucede, demos lugar a otra clase de triunfadores en ese bello entorno de los deportes. Uno de ellos, el que desde comienzos de los años 70 se dio con el propósito de revolucionar la crónica deportiva y nos vuelve a convocar con otro trabajo.

Es el personaje que con un dedo en las teclas, pero más de diez en la frente, no ha dejado ninguna satisfacción sin brindar a sus lectores, y puliendo e ilustrando cada día sus entregas radiales, televisivas y escritas, produce tal admiración que sentimos que ninguno de los medios de comunicación utilizados estaría completo si le faltara ese espacio que respalda con su firma.

Es indudable que me estoy refiriendo a Edgar Tijerino Mantilla, quien con este libro deja constancia para futuros historiadores del deporte en Nicaragua de todos los extremos y perfiles que conformaron esa frase mágica que llenó el espíritu de varias generaciones de nicaragüenses: la Selección Nacional de Béisbol.

Entre las individualidades destacadas están Stanley Cayasso y Nemesio Porras, en cuyas figuras, Edgar ha querido ejemplificar las condiciones de destreza física y valores, como seres humanos que puede Nicaragua mostrar orgullosamente al mundo, sobre la estirpe con que ha conformado sus selecciones de béisbol.

La ocasión es propicia, cuando Tijerino en su incansable búsqueda de hitos y paradigmas de nuestros deportes para convertirlos en libros que perennicen su memoria, ha fijado esta nueva parada, la conjugación de valores que encierra, recorrer las huellas trazadas por Stanley Cayasso y Nemesio Porras, con pisadas más profundas y transparentes que las de Acahualinca.

Ni que decir, que Tijerino lo hace en el momento más espléndido de su prosa, cuando su manejo del lenguaje y la erudición de sus metáforas, se han convertido en una suerte de prestidigitación con el uso de los géneros periodísticos y la literatura.

Sin lugar a dudas, es un acierto de Edgar ubicar en los polos de su obra a dos leyendas del poder y la eficacia, de la disciplina y la entrega, de la sencillez y la gallardía, del orgullo sin petulancia para vestir el uniforme de Nicaragua.

Cayasso pudo ser Nemesio y Nemesio pudo ser Cayasso. Son símbolos calcados uno como el otro para representar con el mismo rigor las etapas de nuestro béisbol que les tocó protagonizar.