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No hay duda, el destino juega caprichosamente las cartas sobre un tapete de imprevisibles giros. En el cierre del mes de septiembre de 1972, mientras la temporada se agotaba, Roberto Clemente buscaba casi con desesperación, como si no tuviera tiempo, pese a los cuatro juegos pendientes en la temporada regular, el soñado hit 3,000. ¿Quién iba a sospechar, y mucho menos atreverse a decirle que ese hit, podría ser el último en su fulgurante carrera? Y lo fue.

Esa tarde del 30 de septiembre, con el doble frente al zurdo John Matlack de los Mets como primer bateador en el cierre del cuarto episodio, Clemente, gritando como Arquímedes “¡Eureka!, ¡Eureka!”, mientras se detenía en el segundo costal con cierta arrogancia, se unió a sus viejos rivales, Hank Aaron y Willie Mays, en el Club de bateadores de 3,000 hits. Semanas después, fuera de temporada, sin tiempo para otro turno al bate, la muerte le envió un slider indescifrable.

“Roberto estaba molesto porque el día anterior había sido víctima de un mal fallo del anotador, quitándole un legítimo hit”, me decía Felo Ramírez detallándome el gran momento, cuando “terremoteado”, fui a trabajar a Puerto Rico en el mes de enero de 1973. Felo estaba ahí, en el Estadio “Tres Ríos”, cubriendo la recta final, persiguiendo el imparable 3,000 de Clemente.

“Fue un batazo brincador contra Tom Seaver que se le complicó al segunda base Ken Boswell, y el anotador tardó en dar a conocer su decisión. Casi 24 mil aficionados lamentaron que se decretara error”, me explicaba hace años el locutor del Salón de la Fama de Cooperstown, en uno de tantos diálogos que hemos sostenido.

El gran suspenso

Cuenta Felo que Clemente pareció levantarse cuatro pulgadas del suelo cuando bateó a la bola. “Hizo swing muy duro pero bateó la bola suavemente y esta dio un bount alto sobre el salto del pitcher. Siguieron unos tres o cuatro rebotes más pequeños hacia la segunda y la pelota escapó del guante de Ken Boswell”.

En la nota del Post se informó: El público miró impacientemente a la pizarra. Nada. La gente estaba confundida. La gaceta de prensa estaba en una confusión colérica. El anotador oficial había tomado su decisión inmediatamente- “error del segunda base, error Boswell”- pero el mensaje no estaba pasando al nivel de arriba, donde una cuadrilla operaba la pizarra electrónica en el center field. Súbita, vacilante e inexplicablemente, justo una vez más, la “H” brilló. La afición se emocionó. Papeletas flotaron en el outfield. El umpire le tiró la bola al primera base Ed Kranepool, quien se la entregó a Roberto. El coach de primera base Don Lepert, le dio una palmada de felicitación en la espalda.

Mientras tanto, en la caseta de prensa, alguien estaba haciendo sonar el teléfono desesperadamente, tratando de hablar con la cuadrilla de la pizarra. El anotador oficial gritaba: “¿Qué diablos pasa?”. El fallo finalmente apareció y la “E” de error se encendió en la gran pizarra. La gente abucheó, dejando su celebración, luego se quedaron a esperar el histórico hit en los siguientes turnos al bate de Roberto. No surgió. Tom Seaver lo dominó. Solamente en el noveno bateó la bola sólidamente. “Estoy feliz de que no lo hayan cantado hit”, dijo Clemente sobre el batazo de la polémica, agregando “Quiero conseguirlo sin ninguna mancha”.

Ahora sí, un doble

Quedaban cuatro juegos todavía, y Clemente, apurado, pretendía concretar la proeza al día siguiente. Con los Mets eliminados y los Piratas asegurados como ganadores de la División Este, solo 13,117 aficionados se reunieron a las dos de la tarde aquel sábado 30 de septiembre de 1972, para ver a Dock Ellis enfrentar a John Matlack, y por supuesto, estar atentos en cada turno del astro boricua, intentando su hit 3,000, ensanchando su grandeza.

Un poco precipitado, según Felo, el gran Clemente se ponchó con bases limpias y dos outs en el cierre del primero. Regresó frente al plato en el cuarto inning. Una bola rápida de Matlack fue complementada por un swing violento y preciso de Roberto. El batazo al sector izquierdo arrancó un aullido a los asistentes y levantó la estructura del estadio unas cuantas pulgadas. El número 3,000 se encendió en toda la pizarra y el árbitro Doug Harvey le dio la pelota de recuerdo a Clemente, quien no volvió a batear. En su siguiente turno, Bill Mazerowski entró como emergente fallando en elevado a segunda, siendo reemplazado por Vic Davalillo para el patrullaje del jardín derecho. El juego terminó 5-0 a favor de los Piratas.

Fue mejor de esa forma porque no quedó la menor duda. Nadie se acordó en ese instante, del batazo hacia Boswell, tan discutido, el día anterior. Ahora Clemente era apenas el bateador número once de 3,000 hits en la historia. Previamente, Ty Cobb, Tris Speakers, Honus Wagner, Eddie Collins, Napoleón Lajoie, Paul Wagner, Stan Musial, Cap Anson, Hank Aaron y Willie Mays, habían llegado a la cifra que identificaba a la aristocracia en el cajón de bateo.

Virdon decide sentarlo

El destino que frustró a Roberto Clemente por tanto tiempo y fue tan cruel al final, pareció ser amable en cierta forma, porque su hit final en la temporada del 1972 y de su vida, fue el número 3,000 de su carrera. Roberto ya había sobrepasado al legendario Honus Wagner como el poseedor del récord del club de Pittburgh en juegos jugados, turnos al bate y total de bases y había roto la marca de impulsadas en el club de Pie Traynor.

Pudo ir más allá, pero el manager Bill Virdon decidió no alinearlo en los tres juegos de cierre, uno con los Mets y dos con los Cardenales, pensando en la conveniencia de un descanso con los Rojos de Cincinnati, ganadores del oeste, esperándolos para disputar el banderín de la Liga Nacional. El 3 de octubre, en el primer juego contra San Luis que los Piratas ganaron 6-2, Roberto entró a fildear en el noveno inning. Vic Davalillo dejó el jardín derecho y se movió al izquierdo por Gene Clines, pero Roberto no llegó a batear, y al día siguiente, cuando caía el telón, no fue alineado frente a Bob Gibson.

Así lo narró felo

En 1973, estando en Puerto Rico, recibí un obsequio de Ernesto Díaz González, dueño y director de la revista “Hit” en la cual escribía de beisbol y boxeo, además de trabajar en la Federación que dirigía Oswaldo Gil, ese gran amigo. El disco grande, de 33 revoluciones por minuto, producido por el cubano Ramiro Martínez, contenía un homenaje a Clemente, y entre su “line-up”, estaba la narración del hit 3,000 por otro cubano, Felo Ramírez. A través de la emisora WIAC, la voz de Felo emocionó a miles, y más adelante, Rubén Rodríguez publicó íntegra la narración en El Nuevo Día.

“En su turno anterior, Clemente fue ponchado por una recta velocísima del zurdo Jon Matlack. La atención fijada expresamente en el gran astro boricua instalado debidamente en el ‘home plate’. Preparado el zurdo abriendo la tanda aquí en el final del cuarto inning, con Roberto Clemente, buscando su hit número 3,000. Hace el ‘wind up’, ahí va el lanzamiento, bola rápida… strike cantado el primero… Lanzamiento de velocidad meteórica a la altura de las rodillas. Matlack, preparado de nuevo. Clemente se acondiciona debidamente en el ‘home’… Se ha salido… (Hace una pausa.) Ya se instala debidamente, como siempre lejos del ‘home’. Preparado Matlack… hace el ‘wind up’, ahí va el lanzamiento, le tira (sube el tono de voz) y ahí va una línea tremenda entre left y center (se oye la algarabía de los fanáticos). La bola pica, va a dar contra la pared… el hit número 3,000… ¡Lo logró! ¡Lo logró! (Mucha emoción) Un doble de Roberto Clemente contra la pared del left center. ¡Como él lo quería! Limpio… completamente, entre dos al segundo lanzamiento del zurdo Jon Matlack. Es de locura. El público aquí en el Three Rivers Stadium, señores, está de pie brindándole una tremenda ovación”.

“En este momento le entregan la bola a Roberto Clemente y él la pasa al coach. Roberto se quita la gorra… saluda al público y recibe la felicitación del ‘short stop’, Jim Fregosi, en un acto de cortesía suprema… extraordinario. El público está de pie, desbordado de entusiasmo aquí en el Three Rivers Stadium. Estamos asistiendo a un acto histórico, señores. Un acto histórico en el béisbol”.

En ese 1972, a los 38 años, las lesiones empezaron a minar el rendimiento de Clemente haciéndole quedar fuera del line-up pirata por mucho tiempo. El promedio de 312 puntos en 102 partidos, estuvo por debajo de sus expectativas. Su próxima parada fue el Mundial Nica como manager de Puerto Rico. Y después, atrapado por la muerte en una gestión humanitaria. Cómo nos duele ese recuerdo imperecedero.

 

dplay@ibw.com.ni