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NOTA.-Estos son algunos párrafos del libro escrito por David Maraniss, un editor asociado del Washington Post, y titulado “Clemente”, que trata sobre la pasión y el carisma del héroe del béisbol.

Es un libro de 450 páginas en el cual Maraniss incluye discusiones de Edgard Tijerino con Roberto Clemente en 1972, consecuencia de algunas comparaciones hechas por el cronista que molestaron al gran pelotero, en aquel momento, manager del equipo de Puerto Rico.

El libro, originalmente en inglés, fue publicado rápidamente en español

 

Aquella inauguración del Mundial de 1972 fue inolvidable. Ahí estaba Somoza, vestido en un traje deportivo claro y una gorra del equipo de béisbol nicaragüense, descendiendo de su estrado y entrando al terreno. Subió al montículo del lanzador a las 12:10, mientras una colmena de reporteros, fotógrafos y camarógrafos de la televisión se acercaba al tiempo que él llevaba la mano derecha y saludaba, agradeciendo el aplauso del público. La mayor atención no estaba dirigida a él sino al plato donde había aparecido un bateador derecho que, procedente del dogout, se estiraba el cuello y se posicionaba en el cajón de bateo. Era Roberto Clemente, en uniforme completo. Todo el mundo quería una foto con el. Llevó quince minutos despejar a la multitud. Finalmente, Somoza agarró la pelota y la lanzó hacia el plato. Su periódico, el oficialista, calificó el tiro de apertura de “formidable”, en cambio, Edgard Tijerino, un pequeño y osado cronista deportivo de La Prensa, el periódico de oposición de Pedro Joaquín Chamorro, apuntó: “obviamente fue una bola mala”, agregando: Por suerte para Somoza, Clemente no abanicó el aire con el bate. Le gustaba batear los que otros llamarían bolas malas.

El disparo de Capiró

Una mañana leyendo La Prensa, Roberto Clemente se sorprendió al leer en una columna de Edgard Tijerino en la que describía un gran tiro desde el jardín hecho por el cubano Armando Capiró, señalando “que era capaz de hacer sonrojar a Clemente”. Además, Tijerino sugería un duelo de brazos (“de escopetas”) entre los dos. Esto ofendió a Clemente. La sola noción de que alguien, mucho menos un aficionado, pudiera tener un brazo que él envidiara, lo incomodaba. Horas después, en el estadio, vio a Tijerino antes de que empezara el juego y le mandó a decir que fuera a verlo al dogout.

Era el primer encuentro del comentarista deportivo nicaragüense con Clemente, pero la escena le habría resultado familiar a muchos periodistas norteamericanos que habían cubierto sus juegos a lo largo de los años. Después que los Piratas ganaron la Serie Mundial en 1971, Clemente declaró que la furia que había traído consigo se había disipado al final, purgada por una serie que le había permitido demostrar su grandeza ante el mundo. Pero algo de su tendencia a la soberbia era inmutable.

¿Cómo se te ocurre?

-Oye ¿Por qué diablos comparaste mi brazo con el de Capiró? -le dijo abruptamente al periodista, sin poder ocultar su molestia-. Yo tiro desde la esquina del jardín derecho en el gigantesco estadio de los Piratas para sacar out a un corredor en tercera, o con Pete Rose deslizándose intentando anotar una carrera. No hay comparación. Tienes que ser más cuidadoso.

Tijerino intentó argumentar algo pero terminó diciendo que Clemente tenía la razón. Esa noche, cuando Oswaldo Gil, dirigente de la Federación de Puerto Rico, entró en el cuarto del hotel de Clemente, lo encontró en shorts, como era habitual, pero molesto todavía.

-¿Por qué hiciste eso?- le preguntó Gil. Él no podía entender porqué Clemente se sentía compelido a regañar a un periodista local por algo tan trivial.

-Cuando dicen que Babe Ruth conectó más de setecientos jonrones, yo me callo la boca- le explicó Clemente, queriendo decir que él no era un jonronero- Pero cuando hablan de lanzar la pelota, no puedo quedarme con la boca cerrada.

El ponche imaginado

Días después, sentado en el vestíbulo con Vic Power temprano por la mañana, Clemente leyó algo más de Tijerino que lo sacó de quicio. República Dominicana había derrotado a Puerto Rico 4-1 el día anterior, y en un máximo esfuerzo por describir la brillantez del lanzador dominicano, Tijerino había escrito: “Roberto Rodríguez en una noche inspirada estaba en plan de ponchar al mismísimo Roberto Clemente”… Tijerino estaba en el palco de prensa esa noche cuando su colega mejicano, Tomás Morales, le dijo que bajara al terreno porque el manager puertorriqueño quería hablar con él.

Cuando Tijerino se acercó, Clemente lo increpó severamente:

-Yo bateo contra Roberto Rodríguez a mano limpia. Es decir, que podía batear la pelota del muchacho sin un bate. Dicho en términos beisbolísticos, ya Tijerino le había pasado dos bolas a Clemente sin que este bateara, pero su relación no terminó. Tal vez la única cosa que molestaba a Clemente más que ser subestimado o incomprendido era que no le dieran la oportunidad de expresarse.

Quiero hablar con él

Él tenía mucho que decir, y en Nicaragua, en deportes, Edgard Tijerino era la mejor manera de decirlo. Una noche Clemente invitó al cronista a su cuarto del hotel Intercontinental para una amplia entrevista. Clemente lo recibió con pantalones blancos y una camisa de seda floreada. Vera estaba sentada cerca. “El diálogo con Roberto fue agitado esa noche”, diría Tijerino después.

Conversaron de porqué los Piratas perdieron frente a los Rojos en las semifinales de ese año, luego de haber ganado la Serie Mundial la temporada anterior, y acerca de cuál de los dos equipos campeones de los Piratas era mejor, el de 1960 o el de 1971. Clemente dijo que los Piratas en 1972 tenían realmente más jugadores talentosos que en cualquiera de esos dos años. Luego el tema giró hacia el tratamiento de los peloteros latinos. Clemente reprendió a Tijerino por sus comparaciones. Él tenía un objetivo más lejano, la prensa norteamericana.

Koufax y Marichal

-La atacó enérgicamente porque desde que el primer latino llegó a las Grandes Ligas lo discriminaron sin piedad, le dijo Clemente al cronista, explicando que no importaba que el pelotero latino fuera bueno, por el mero hecho de no ser norteamericano lo marginaban…Tienen una abierta preferencia por los norteamericanos. Hay jugadores mediocres que reciben una inmensa publicidad, mientras a las verdaderas estrellas no las destacan como merecen.-Para ilustrar el punto, Clemente no mencionó su larga lucha por obtener reconocimiento, sino que se refirió a Orlando Cepeda, su compatriota puertorriqueño, y a Juan Marichal, dominicano, dos astros del béisbol que ahora luchaban al final de sus carreras y cuyas fallas les parecían más interesante a los escritores norteamericanos que sus talentos-Nadie puede mostrarme un lanzador mejor que Marichal en los últimos cincuenta años -agregó Clemente.

Tijerino estuvo de acuerdo en términos generales, pero creía objetivamente que Sandy Koufax era mejor que Marichal, y se mantuvo en esa posición.

-Koufax fue un pitcher de unos cinco años -respondió Clemente-, en cambio Marichal tiene una notable regularidad. Él es un pitcher de siempre. El problema consiste en que a Marichal nunca lo han juzgado correctamente por ser latino, haciéndolo víctima de la discriminación.

Clemente tomaba todo con mucha seriedad y no cedía. Resignado, Tijerino escribió después: “Conversar con Clemente es de nunca acabar porque no admite retos a sus puntos de vista”.

Roberto en cifras

Dueño de un brazo poderoso y unas habilidades defensivas insuperables, Roberto Clemente fue un ganador de 12 guantes de oro. Para muchos, ha sido el mejor guardabosque derecho del béisbol.

Aquí, otros datos interesantes sobre el inolvidable Clemente:

El precio que los Piratas pagaron para seleccionar a Clemente de los Dodgers de Brooklyn el 22 de noviembre de 1954 fue de 4,000 dólares.

El valor actual de las 19 tarjetas de baseball Topps de Roberto Clemente (1955-73), en condición casi de colección: 5, 500 dólares.

Primera posición en un lineup de liga mayor: bateó de tercero y jugó el right field.

Posición final en un lineup de liga mayor: bateó de tercero y jugó el right field.

Último right fielder de los Piratas antes de Clemente: Román Mejías.

Primer right fielder de los Piratas después de Clemente: Many Sanguillen.

Número de premios de Guante de Oro: 12.

Número de temporadas con .300 o más de average: 13.

Promedio de bateo de Serie Mundial (1960 y 1971): .362.

Average de bateo en juegos All Star: .323

Average de bateo en su carrera durante la temporada regular: .317.

Juegos de Serie Mundial: 14.

Récords Piratas mantenidos al momento de su muerte: juegos jugados (2,433), turnos al bate (9,454), hits (3,000), sencillos (2,514), total de bases (4,492).