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Estaba almorzando ayer en un restaurante con Miguel Mendoza, cuando entró Vicente Padilla. Alto, erguido, con su paso firme y su mirada fría, me pareció listo para desenfundar, como esos pistoleros que me graficaban Silver Kane y Keith Luger, en los tiempos en que me apasionaba leer novelas de vaqueros, al igual que tantos amigos de secundaria, entre ellos el doctor José María Zelaya (q.e.p.d). Así lo siguen viendo los bateadores enemigos cada vez que se prepara para venir hacia el plato con sus latigazos, sobre todo, cuando busca la parte de adentro del plato, y un poco arriba. Uh, apártense.

Me levanté para saludarlo, sin ocultar la admiración que siempre me provoca quien logra elevarse encima de la mediocridad de rendimiento imperante, para alcanzar niveles insospechados, y establecerse, tal como él lo hizo en el mejor béisbol del mundo, y aproveché para preguntarle rápidamente sobre su futuro inmediato, algo que ha vuelto a ser intrigante para todos aquí en el terruño.

“Me iré con la mejor oferta. Si es de Japón, bienvenida. Eso es lo que me interesa”, dijo liberado de cualquier apego con las Grandes Ligas. Y piensa bien Vicente, porque como ganador de 108 juegos con 91 reveses, no está persiguiendo cifra alguna, ni buscando un lugar en la historia, sino cómo sacarle un buen provecho financiero a lo que podría ser, la recta final de una accidentada carrera, aunque para nosotros, muy llamativa y emocionante de diferentes maneras.

Ya sentado con sus amigos, de una mesa a otra, antes del chequeo del menú, Miguel le preguntó si volvería a lanzar con el Chinandega en la Liga Profesional como lo hizo ruidosamente en la última edición, y prácticamente lo descartó. Hace un año lo necesitaba, para someterse a prueba y mostrarse, no ahora que cumplió una temporada sin lesiones, y como relevista medio y cerrando, apretó tuercas la mayoría de las veces.

En Japón ganaría más y podría ser abridor. Eso es lo que le interesa. Liberado también de cualquier tipo de cadenas, no tiene inconveniente en ir tan lejos. Sentado sobre los ingresos obtenidos a lo largo de 14 temporadas, algunas no completas, se ve tranquilo, sin ninguna perturbación para dormir, disfrutando de estas vacaciones, seguramente haciendo cuentas y revisando proyectos. Como siempre luce fuerte como un ropero de gruesa madera, listo para tomar la bola y convertirla en proyectil, en cualquier lado.


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