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A un lado de ese ser humano de bondad infinita y extraordinaria capacidad de sacrificio pensando en los otros, y sobre todo en nosotros, ¿qué tan grande fue verdaderamente Roberto Clemente como pelotero? Las nuevas generaciones, entienden fácilmente lo primero, porque salta a la vista, pero necesitan explicación sobre lo otro, menos trascendente, pero más complejo.

Es entonces que uno dice: ¿Cómo grafican las cifras la grandeza de un pelotero? Así que, solo con ellas resulta fácil comprobar la otra brillantez cegadora alcanzada por Roberto Clemente, impresionando con sus ejecutorias a lo largo de 18 años.

Con 3000 hits en 9,454 turnos, el fiero boricua bateó de por vida .317 puntos, un porcentaje de lujo; obtuvo cuatro coronas de bateo, y arañó otra en 1969; Más Valioso en la temporada de 1966 superando a Sandy Koufax; ganador de 12 guantes de oro provocando deslumbramiento en el rincón del jardín derecho; 14 juegos consecutivos bateando de hit en Series Mundiales; Más Valioso en la Serie Mundial de 1971; seleccionado 12 veces para los Juegos de Estrellas; capaz de dibujar rayos desde el bosque que custodiaba hacia las bases cortando las alas del atrevimiento a los corredores, y de fabricar truenos en los momentos oportunos desde el cajón de bateo, Roberto Clemente lució en todo instante como una estatua de sí mismo.

Las cuatro coronas

Clemente pudo ser el primer latino ganador de un cetro de bateo en 1961, a los 26 años, con unos Piratas que terminaron en sexto lugar a 18 juegos de los Rojos, mientras Roger Maris y Mickey Mantle se robaban el show batallando por el título jonronero. Su porcentaje de .351 puntos consecuencia de 201 imparables en 572 turnos, le permitió superar claramente al rojo Vada Pinson, quien registró .343, y Ken Boyer de San Luis con .329, sellando el primero de sus cuatro títulos, pero antes, en la temporada de 1954, el mexicano de los Indios de Cleveland, Beto Ávila, con .341 puntos, aprovechando que Ted Williams de los Medias Rojas de Boston, con .345 de average, no era elegible al no poder alcanzar el número de 502 apariciones legales frente al plato, limitado a 386, lo había logrado. Cuando más adelante se modificó la regla, agregando las bases por bolas recibidas como apariciones, las 136 que le otorgaron a Williams en aquel 1954, estaban tan sepultadas como los 12 Césares.

En 1963, Clemente se mantuvo presionando, y terminó detrás de Tommy Davis de los Dodgers, abrillantado por sus .326 puntos. El boricua registró .320, superando por una nariz al tercero, Hank Aaron. En 1964, Roberto volvió a la carga y con .339 puntos, dejó atrás al dominicano Rico Carty reducido a .330, y Hank Aaron .328, para conquistar su segunda corona. Al año siguiente, 1965, perdió 10 puntos, pero su promedio de .329, fue inalcanzable tanto para Hank Aaron (.318) como para Willie Mays (.317), y capturó su tercera corona, seguramente sintiéndose un poco como Alejandro, invencible. Su deslizamiento a .317 puntos en 1966, lo dejó fuera de combate frente a su compañero dominicano Matty Alou, ganador del título con .342, el hermano de éste, Felipe Alou, de Atlanta que fue tercero con .327, y otro dominicano, Rico Carty también de Atlanta con .326. Roberto, que compartió el quinto puesto con Dick Allen de los Filis, no dio la menor importancia a esto, en vista del impacto que provocó al arrebatarle el reconocimiento como Más Valioso de la Liga al ganador de la triple corona en pitcheo, el “Monstruo” Sandy Koufax de los campeones Dodgers, después de 202 hits, 29 jonrones y 119 empujadas.

Saltando bruscamente a .357 puntos, su mejor promedio, Clemente conquistó en 1967 su cuarto y último cetro de bateo, dejando muy atrás a Tony González de los Filis con .339, y desplazando al tercer sitio a su compañero Matty Alou, con .338 de average.

El fenomenal boricua buscó su quinto título de bateo en la década de los sesenta, retando a Pete Rose de los Rojos en 1969. Fue una brava pelea que se decidió el último día de la temporada en el último turno al bate de ambos en escenarios diferentes. Rose había fallado tres veces frente al pitcheo de los Bravos, en tanto Clemente había disparado tres hits consecutivos contra los Expos. La diferencia a favor de Rose, era de solo un punto y los dos juegos se encontraban en el octavo inning, a la misma hora. Agatha Christie, a bordo del Expreso de Oriente, estaba pendiente, comiéndose las uñas.

Los dos batearon hacia tercera base. Clemente en Montreal con hombres en las esquinas y un out, y Rose en Atlanta con corredores en primera y segunda, también con un out. Roberto fue víctima de un tiro preciso, que no impidió su carrera empujada 91, pero lo redujo a .345 puntos, mientras Rose fue más rápido que el disparo de Clete Boyer, llegó safe, las bases se llenaron, y subió a .348, con el título de bateo en el bolsillo.

La pelea con koufax

Fue Jimmy Cannon, aquel famoso cronista de Nueva York, quien escribió una llamativa carta abierta a Roberto Clemente con el título: ¿Por qué te quejas tanto Roberto si todos sabemos que sos grande? Cannon se refería a la hostilidad del astro boricua cuando abordaba el tratamiento que recibía de la prensa. Clemente, siempre se consideró marginado, más por ser latino, que por jugar para un equipo habitualmente oculto de la promoción como lo ha sido el de Pittsburgh.

Pero... ¿Qué hay del título Más Valioso de 1966 en la Liga Nacional? En una valoración tan difícil que su resultado todavía es discutible, Clemente sacó del bolsillo del zurdo Sandy Koufax, el botín más preciado entre los reconocimientos que se otorgan en el béisbol. Por 218 puntos a 208, Clemente prevaleció sobre Koufax.

¿Fue ciertamente Clemente el Más Valioso en 1966? Regresemos a la vieja y apasionante discusión: Campeón bate en los años 61, 64 y 65, el super-pelotero boricua no pudo capturar ese cetro en esa temporada del 66. Claro, no es necesario ser el dueño del más alto porcentaje para ser Más Valioso, pero con .317 puntos, 119 carreras empujadas, 29 jonrones y 202 hits, sin poder asegurar ningún liderato ofensivo en vista de que Matty Alou fue campeón de bateo, con Hank Aaron dominando en jonrones y remolques, y con los Piratas eliminados, las cifras de Clemente no parecían ser los suficientemente fulgurantes para saltar encima de la impresionante Triple Corona de Koufax, cuyo esfuerzo fue el gran soporte para impulsar a los Dodgers a la Serie Mundial.

Ese año, Koufax logró 27 victorias, registró una efectividad de 1.73 en el kilométrico recorrido de 323 entradas, ponchó a 317 y fue el abridor en 41 juegos completando 27. Solo perdió 9 veces. Koufax se aproximó a un gran promedio: garantizar una de cada tres victorias de los Dodgers para neutralizar el ímpetu de los Gigantes de San Francisco, rezagados solo por juego y medio.

¿Cómo fue la votación? Koufax obtuvo 9 votos de primer lugar por 8 de Clemente, pero en la sumatoria de puntos, los 218 de Roberto superaron los 208 del increíble zurdo. Obviamente la grandeza de Clemente está por encima de la discusión del 66, y Cannon tenía razón al decir que no se le robaron méritos, aunque por supuesto, las comparaciones constantes con peloteros como Willie Mays y Mickey Mantle, metían a los cronistas en un campo minado.

Su mayor impacto

Clemente bateó de hit en cada uno de los juegos de la Serie Mundial de 1960 frente a los Yanquis, pero el jonrón de Bill Mazerowski y los pitcheos ganadores de Vernon Law y Harvey Haddix, lo apartaron de los reflectores, sin embargo, en 1971, frente a los Orioles, el boricua impactó a todos con una actuación electrizante, inolvidable.

El Clemente que dominó esa Serie Mundial, destruyendo a los Orioles de Baltimore disparando hits en los siete juegos, alcanzando un promedio de .414, con 12 cohetes incluyendo dos dobles, dos jonrones y un triple, fue una continuación del Clemente que estuvo en acción durante 132 partidos en la Liga Nacional esa temporada.

El hombre que hizo esos increíbles tiros desde el right field siempre hacía tiros increíbles; el hombre que bateó esas líneas salvajes siempre bateaba líneas salvajes; el hombre que corrió sobre cada pelota, incluso roletazos rutinarios, siempre corría tras cada pelota.

“Nunca he visto a un pelotero dar más de sí mismo día tras día”, dijo el Gerente General de los Piratas Joe Brown mientras el periodismo acorralaba a Clemente al caer el telón de ese clásico. “La gente lo ve batear una pelota al montículo y correr como un demonio y piensan que lo está haciendo porque es una Serie Mundial. No, él lo hace diario”.

Pero solo ahora, después de una de las grandes actuaciones individuales en la historia de Serie Mundial, el reconocimiento fue suyo. “Ustedes llaman a Pete Rose ‘Charlie Hustle’”, dijo Clemente a un grupo de escritores en la casa-club de Pittsburgh dos días antes. “Él no da más que yo”, agregando: “Nadie da más que Clemente. Y nadie juega baseball mejor”.

“Este es el mejor jugador que haya visto”, gritaba Brown entre el ruido, decía el despacho de Asociated Press. “Pensaba que Mays era el más grande hasta 1966. Después de eso, este es el hombre. No estoy diciendo que esto es solo hoy, bajo estas circunstancias. Este pelotero es el más grande que haya visto...”

Fue una actuación cumbre, como si Clemente quisiera mostrarle al mundo, de una vez y por todas, que podía hacerlo todo. Él no es un jonronero porque no escogió ser un jonronero. “Yo digo al diablo con los jonrones”, dijo. “Una barda es corta, otra es larga. Una es alta, otra es baja.”

Clemente había leído que los Orioles aplastarían a los Piratas, y que él era solo un bateador del right field, un hombre que no podía empujar una pelota. En su primer turno al bate en el sexto juego conectó la pelota a la izquierda del center para un triple. “Y dicen que no empujo la pelota”, apuntó después exteriorizando su molestia. Su orgullo fue siempre inmenso.

Cuarenta años después de su muerte, Roberto Clemente es dueño de cinco lideratos en el equipo de Pittsburgh. Sus 2,433 juegos jugados, superan por uno a otro inmortal, Honus Wagner, en tanto su ventaja en veces al bate es muy amplia (9,454 por 9,046 de Wagner). El boricua es lo máximo en hits con 3,000, mientras Wagner conectó 2,970, y en sencillos, Roberto muestra 2,154 por 2,101 de Wagner. Finalmente, prevalece en total de bases con 4,492 relegando a Wagner quién registró 4,234.

Cifras en mano, su brillantez fue tan cegadora como su calidad humana.

Premios y logros

Dos títulos de Series Mundiales con los Pittsburgh Pirates (1960, 1971).

Jugador Más Valioso de la Liga Nacional (1966).

Jugador Más Valioso de Serie mundial (1971).

Cuatro títulos individuales de bateo (1961, 1964, 1965, 1967).

Doce Guantes de Oro 3,000 hits.

Doce veces elegido para el Juego de las Estrellas.

Exaltado al Salón de la Fama en 1973.

 

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