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Reducido a 10 hombres desde muy temprano por la expulsión del arquero Adán -quien derribó a Carlos Vela en el aérea, atormentado por una falla propia-, el aturdido Real Madrid, con Casillas entrando como reemplazo, necesitó de un impetuoso y decisivo Cristiano Ronaldo en el segundo tiempo, para quebrar un empate 2-2, obviar el triplete que consiguió Xabi Prieto, y derrotar 4-3 al retador Real Sociedad.

Eso sí, no pudo recortar ni un milímetro la distancia de 16 puntos que lo separa del Barcelona, porque el equipo azulgrana, siempre brillante en su geometría y efectivo en las definiciones, construyó una goleada por 4-0 sobre el Español en apenas 30 minutos, haciendo temblar la tierra. Un gol de Xavi sobre entrega precisa de Iniesta, dos de Pedro de 24 kilates aprovechando trazos de Fábregas y Busquets, y el penal cobrado por Messi, espantaron el fantasma de lo inesperado.

Una excelente salida de Valdés, frustró la gran posibilidad del Español, y no hubo lamentos por el tiro libre de Messi que devolvió el travesaño en el minuto 88, cuando todo estaba consumado.

Mourinho asegura estar pensando en la Champions, pero no en Cristiano, quien volvió a demostrar que para él cada partido es una batalla que tiene que ganarse, sin mirar la tabla de posiciones, ni el tamaño del rival.

El portugués va a todas las pelotas, y con el marcador 2-2 -goles de Benzama en el primer minuto y Khedira en el 34-, entró por la izquierda, tomó ese envío aéreo de Benzema, remató con zurda, y adelantó al Madrid 3-2 en el minuto 67. Un momento después, Cristiano fue tumbado en la frontera del área, sector izquierdo, y su cobro, violento aunque muy al centro, hizo lucir en cámara lenta el levante de brazos del arquero chileno Claudio Bravo.

El balón rebotó en el horizontal, se desvió hacia abajo a la derecha y fue hasta el fondo para el 4-2, inutilizando el tercer gol de Xabi Prieto en el minuto 76 con Iker desarmado.

Lo del Barsa fue un asalto tranquilo, sin necesidad de pañuelos en los rostros, simplemente pistolas en mano, con su fútbol habitual, el que todos conocen pero no encuentran el antídoto, sin la presencia de un Messi tan iluminado, pero con una suma de esfuerzos muy productiva. Con el marcador 4-0, como la fiera saciada, el Barsa se dedicó a limpiar cuidadosamente sus garras, manteniendo al adversario apretado contra las cuerdas, y ratificando su facilidad para apropiarse del balón y no soltarlo.

Fue un triunfo con la suficiente autoridad de un equipo que hasta hoy avanza como las tropas de Atila, sin permitir que crezca la hierba a su paso.

 

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