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Espérenme unos segundos. Solo permítanme asimilar todo lo que pasó en este partido histérico que perdió el Bóer 7-6 para poder comenzar. ¿Cómo explicarles el constante choque entre la ilusión y la desesperación con una multitud extasiada, angustiada, invadida de taquicardia, casi levitando?

Nos sentimos en todo momento, viajando vertiginosamente en una montaña rusa, sin saber de dónde veníamos ni hacia dónde íbamos a parar. El Bóer que se adelanta 2-0 con la primera descarga eléctrica de Johan García en el tercer inning; los Tiburones que saltan de la pileta, muestran su dentadura , y aplican par de dentelladas en los innings 3 y 5 con batazos productivos de Ofilio Castro para empatar la pizarra; los Indios que se agitan en la incomodidad y aprovechan el error en fildeo de Leivi Ventura, restaurando la ventaja de dos carreras en el sexto; el Oriental, que tapándose las heridas, vuelve a erosionar asaltando a Elvin Orozco y fabricándole tres carreras en el séptimo, antes de un milagroso out en el plato, volteando nuevamente el marcador 5-4; la tribu insistente en su agresividad, otra vez en pie de guerra y pasando al frente 6-5 con el segundo jonrón de García remolcando también a Oviedo en el octavo; y casi de inmediato, en el cierre, sin dar reposo a los alterados corazones, la puñalada de Jimmy, ese imparable impulsador de Talavera y Santana, estableciendo el 7-6 que fue definitivo.

¿Quedaba algo más? Por supuesto. El misterio siempre está latiendo mientras el Expreso de Oriente se encuentra desplazándose, como lo explica Agatha Christie. Ahí estaba Carlos Pérez Estrella, en el techo del noveno, enfrentando a Juan Oviedo con dos a bordo y la posibilidad de otro giro brusco, que sacara al equipo indio del hoyo. No ocurrió. El derecho ponchó a Oviedo, y un largo gemido cobijó a todo el boerismo en la capital, que no tuvo transmisión de televisión, en una falla, porque se le niega la opción de recrearse a un pueblo tan sufrido.

¡Qué partido más intenso e intrigante! Cada lanzamiento creaba un momento de mayúscula tensión. Un strike, una bola, un hit, un error, cualquier out, estremecía el parque de Granada. Leivi Ventura, quien quería que se lo tragara la tierra después de su error en el sexto, se rescató a sí mismo con su doblete impulsador de dos en el séptimo adelantando a los Tiburones. El out en el plato de Abea a Renato sobre machucón de Ramos frente a sus narices, dejó al Oriental con la casa llena y sin carrera en el segundo; y en el quinto, el atrevimiento sin medida de Campuzano, muerto en home por un relevo de Jimmy, malogró una gran opción de la tribu. Martínez y Sandino trataron de sostenerse en medio de dificultades, los hombres del bullpen, también lo intentaron en una noche tormentosa con pelotas silbando sobre ráfagas de viento.

Pasada la histeria, el Bóer se percató que amaneció a la orilla de la fosa. Hoy a las 4 de la tarde, en Managua, el cuarto duelo. Ahí estaremos.