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Cayó el Bóer 4-3 “acuchillado” por el hit impulsador de Ernesto Garay en el fondo del décimo inning con las bases llenas, y el Oriental, un equipo que nunca tira la toalla y es capaz de abrirse paso hacia lo improbable a base de agallas, será el rival del Chinandega en la Final de la Liga Profesional.

Dos momentos claves en los últimos instantes: la perdida de pelota de Oscar Mairena sobre un batazo que resuelto de primera intención, parecía un doble play dibujado, no dos circulando sin out en el noveno, y el deslizamiento de Danilo Sotelo directamente hacia el fildeador que buscaba ángulo de tiro, olvidándose del cojín de segunda, quebrando de esa forma otro posible doble play y asegurando la carrera de la sobrevivencia empatando la pizarra 3-3.

Eso no fue un juego entre dos equipos desesperados en busca de la victoria, sino un rompecabezas agitado por la inseguridad. La falta de sangre fría que estaba “matando” a los Tiburones, afectó también a los Indios que no pudieron sostener una ventaja de dos carreras en el noveno. El bateo corto hizo estragos explotando a Carlos Teller con dos machucones en el octavo, y el fildeo errático, que le permitió ampliar al Bóer 3-1 sin sacarle el máximo provecho abrió las puertas para que en medio de la confusión provocada por todas las decisiones riesgosas que los managers tomaron, el Oriental equilibrara la pizarra a última hora sin batear hit en el noveno.

Fatal inicio para los Indios. La falta de entendimiento entre los guardabosques Campuzano y Calderón, sobre un batazo controlado por ambos, cedió dos bases a Santana, el lead-off de los Tiburones, y hit inmediato de Yoldanis Pérez impulsó la primera carrera, mientras Jilton con gran disparo, lo fulminaba en segunda intentando extenderse. Cierre del primer inning y el Oriental estaba adelante 1-0 entre el rugido de las tribunas.

Sacando seis outs consecutivos, Christopher Cooper dio la impresión de estar en capacidad de ofrecer otra faena tan dominante como la del miércoles. No fue así. Jonrón solitario de Elmer Reyes sobre la verja del left fielder, empató el juego en el arranque del tercero, y un incómodo toque de Mairena que provocó un disparo errático de Jimmy desde el suelo, facilitó al Bóer una posición anotadora en el segundo costal, seguida de un golpe a Campuzano. Roletazo de Jilton y otro de Rivas, llevaron a Mairena al plato, y el Bóer tomó ventaja 2-1 silenciando el Estadio.

Era muy temprano para preocuparse con las intrigas flotando alrededor de tantas expectativas, pero después de cuatro difíciles ceros (dos al Granada en los episodios 3 y 5, y dos al Bóer en los 5 y 7), la pequeña diferencia comenzó a agrandarse, a sentirse pesada, a ser aguijoneante. Con dos bateadas pendientes a cada equipo, ahí estaba ese 2-1 inalterable, aunque inseguro frente a las constantes amenazas, malogradas por precipitaciones, alteraciones nerviosas, ponches oportunos y jugadas de doble play.

 

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