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Confirmado, nuestro béisbol puede ser pequeño, sentirse herido, cojear, pero sigue siendo capaz de hacernos vibrar agitando bruscamente las emociones contenidas y atraparnos con su oleaje de intrigas. Este béisbol tiene vida, y lo comprobamos en las series de cierre de temporada del octavo torneo profesional ganado por los Tigres del Chinandega imponiendo su furia, evitando que los Tiburones en un resurgimiento espectacular les arrebataran su segundo botín.

Después que el equipo Oriental eliminó a los Indios en cinco extenuantes duelos, quedando ambos equipos con su pitcheo deshilachado, y necesitados sus hombres de un urgente reabastecimiento de oxígeno, los Tigres saltaron al escenario de la gran Final como favoritos, por un razonamiento obvio: estaban enteros físicamente y con todos los hierros disponibles. Era la ventaja de haber sido líderes por un juego de ventaja sobre los Tiburones en la serie regular.

INESPERADA PALIZA.- Pese a esas consideraciones elementales, fue sorprendente la forma como Chinandega resolvió la primera batalla por paliza, como lo hacía el ejército de Aníbal. El marcador por 10-1, fue martirizante. Lo clave, el pitcheo retorcido y dominante del zurdo Douglas Argüello y la voracidad ofensiva de los rugidores. Lo fatal, el pitcheo oriental, con los brazos de Róger Marín, un abridor emergente al no poder utilizar Hubert Silva a Juan Figueroa y Christopher Cooper, el primero más lastimado que agotado, y el segundo, por haber recorrido largo kilometraje contra los Indios.

Desde muy temprano, la victoria del Chinandega se convirtió en una certeza: dos carreras en el primer inning, una en el segundo y cuatro en el cuarto, desinflaron a los Tiburones.

SEGUNDO ARPONAZO.- La posibilidad de entrar a cambiar golpes rápidamente como ocurrió con el Bóer después de perder 11-2 en el inicio de las semifinales, se desvaneció en los innings centrales con Chinandega anotando tres veces en el quinto y tres en el sexto, para construir una victoria por 8-3, que dejó a los Tiburones tambaleándose, oscureciendo la ciudad de Granada.

Lo clave, la fluidez ofensiva para producir, y el pitcheo combinado de Mainor Mora y el relevista Junior Guerra. Sin recurrir a su temible punch, los Tigres se alzaron con otra cómoda victoria, haciéndonos creer que no veríamos lo intrigante por ningún lado. Lo fatal, el fildeo oriental. Estuvo abriendo puertas para que los Tigres hicieran estragos frente a Sandino y Rojas.

QUE EXCITANTE.- Fue el tercer duelo. Un partido sin dueño con la pizarra bailando como lo hacía Fred Astaire, hasta que William Vásquez, con dos outs y Moisés Flores en primera, se voló la cerca del jardín derecho dejando en el terreno a los Tiburones, durante el cierre del décimo episodio. Ese trueno frente a Julio César Raudez, sellando una dramática victoria por 6-4, provocó locura en Chinandega estableciendo una clara ventaja de 3-0 en la serie.

Atrás quedaron los jonrones disparados por Iván Marín, Francisco Santana y Leivi Ventura. Clave, el trancazo de Vásquez; fatal, el relevo de Raudez, golpeado después de sacar dos outs. Inútil el estupendo relevo de Carlos Pérez Estrella deteniendo a los Tigres y tratando de darle vida a los Tiburones.

PRIMERA DENTELLADA.- El cuarto juego, pese a la presencia en la colina del bravo y eficiente zurdo Christopher Cooper fue pre-considerado el funeral del Oriental. Y casi lo es, porque el también zurdo Elvin García consiguió un notable crecimiento. El jonrón de Yurendel de Caster, su único en la final, adelantó al Chinandega en el cuarto inning, pero un hit impulsador de Yoldanis Pérez en el sexto, niveló el marcador. Entrando por Cooper en el noveno, Pérez Estrella se encargó del alargue frente a Isidro Pantoja, y fue necesario esperar hasta el decimosegundo episodio, para que Ofilio Castro olvidándose de problemas musculares decidiera la batalla con un cohete, en la primera señal de resurrección de los Tiburones, imponiéndose 2-1.

FINAL DE ALARIDO.- Ganaba Chinandega por 8-3 el quinto juego en la novena entrada jugando como local, cuando de pronto, al ser retirado de la trinchera el formidable Douglas Argüello, con solo un hit permitido en las últimas seis entradas, todo se derrumbó y con una asombrosa arremetida de seis carreras culminada por el jonrón de Danilo Sotelo con bases llenas contra Mainor Mora, los Tiburones se salieron de las brasas espectacularmente.

Esa victoria increíble por 9-8, hizo pensar en la posibilidad de un milagro, con todo Granada cobijada de entusiasmo y el resto del país expectante. Partido violento con tres jonrones por equipo. Ofilio, Ventura y Sotelo se volaron la cerca por el Oriental, en tanto por el Chinandega lo hicieron Ramón Flores, Jem Argeñal y Esteban Ramírez. El grito de ¡Cuidado Tigres!, se escuchó en todos los rincones del país.

NO HUBO MILAGRO.- Con el suspenso extendiéndose por los nueve episodios, el Chinandega se impuso 3-2 en el sexto juego, sacándole provecho al trabajo de sus relevistas, De Paula y Guerra quien fue seleccionado como el Pelotero Más Valioso de la Serie. Se agrietó la defensiva del Oriental en el propio inicio y los Tigres tomaron ventaja por 1-0, ampliada 3-0 en el segundo, explotando al veterano abridor Diego Sandino. Un manto de tristeza cubrió las tribunas, pero fue quitado cuando los Tiburones respondieron con dos carreras en el tercero, y casi empatan, pero un Ofilio cojeante no pudo anotar con un hit kilómetrico de Ventura… Entre constantes amenazas, el juego fue avanzando con el Oriental al borde de la fosa, aunque sostenido por Pérez Estrella, hasta que Junior Guerra terminó de apretar las tuercas con dos ponches y corredor en posición anotadora. El 3-2 permaneció inalterable.

Una serie que comenzó fría por el desequilibrio de los dos primeros juegos, fue transformada en terriblemente tensa y con cierres de juego electrizantes. Valiente la resistencia del Oriental, pero determinante la ofensiva de los Tigres. Lo mejor, esa atracción que volvió a provocar nuestro béisbol tan subestimado.