•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Ahora el “dinosaurio” James puede dormir tranquilo. Por fin, después de tanto sufrir críticas y padecer depresiones por no ser el factor desequilibrante en duelos cumbres de Play Off y en finales, como ocurrió frente a Dallas el año pasado, LeBron James tiene un anillo de Campeón con este Heat de Miami, que destrozó al Thunder de Oklahoma 120-106, culminando una arremetida insospechada de cuatro victorias, después de haber perdido el primer duelo, haciendo temer por otro “naufragio”.

Fue la revancha de James, su redención, el ajuste de cuentas con sus cuestionadores, la certificación de su incidencia, el peso de su contundencia. En cada una de las victorias del Heat, fue la figura cumbre en todos los aspectos del juego: sacudiendo el cesto, atrapando rebotes, realizando asistencias, bloqueando, defendiendo, escapándose. El Rey LeBron, podríamos decir sintetizando, después de sus 26 puntos, 11 rebotes y 13 asistencias anoche.

Cuando faltando 2:20 minutos del tercer período, con un doble de Bosh, el Heat se estiró por 25 puntos (90-65), el suspenso se encontraba en el aeropuerto de Miami, buscando cómo volar hacia otro lado. Un equipo volcado frente a otro hecho astillas. Nada qué discutir.

El duelo inició con un doble de LeBron, y comenzó a hincharse con una ráfaga de LeBron que amplió 16-10 la diferencia. Acumulando cinco puntos de ventaja en el primer período (31-26), con 7 de LeBron, 6 de Bosh y 4 de Wade, frente a 9 puntos de Durant y 8 de Westbrook, el Heat comenzó a edificar su victoria más significativa de la temporada.

El cambio de golpes en el arranque del segundo tiempo mantuvo la distancia 39-34, pero el Heat aceleró y con bombardeo desde afuera y penetraciones vertiginosas y certeras, estiró la ventaja a 17 puntos (53-36) emocionando a la multitud en la American Arena, haciendo saltar los tornillos de las butacas. El Heat se fue al descanso de la mitad del trayecto con ventaja 59-49, sintiendo ese inconfundible “olor” a champán de campeonato.

Atropellando al Thunder 36-22 en el tercer período, el Heat se adueñó del juego, y los últimos 12 minutos fueron solo de trámite, un paseo entre los escombros del enemigo. Ningún jugador de Oklahoma quería estar en la cancha. Los buenos recuerdos con los Mavericks (4-0), los Lakers (4-1) y los Spurs (4-2) se habían esfumado. Parecía como si esos hechos nunca hubiesen ocurrido.

¿Quién iba a pensar que esto ocurriría después del resultado de apertura: Thunder 105, Heat 94. Era apenas la primera señal, pero ojo, Kevin Durant (32 puntos, 8 rebotes y 4 asistencias) y Rusell Westbrook (27-8-9) volvieron a demostrar que son capaces de derribar murallas y atravesar tempestades. A ratos, LeBron James (30-9-4) y Dwayne Wade (19-4-8), las estrellas del Heat, se detenían para admirarlos en la segunda mitad, cuando funcionaron eficazmente para garantizar la victoria de Oklahoma. Una vez más, el temible dúo fue incontenible, y el Thunder se impuso por 8 y 10 puntos en los dos últimos períodos, aplicándole un giro brusco y espectacular al partido.

Sin embargo, el Thunder no pudo seguir tronando, porque el Heat, al impulso del agigantado LeBron, no dejó piedra sobre piedra con victorias consecutivas por 100-96, 91-85, 104-98 y 121-106, en un alarde de eficacia.

Estas finales del 2012 marcaron el primer punto en el que la actuación de LeBron James hizo honor a su descomunal talento en el decorado más exigente. Dominó cada palmo de parque como si no hubiera otro posible dueño, haciendo buenas aquellas palabras que Tim Duncan le susurró al oído nada más haberlo humillado en 2007. “Algún día esta liga será tuya”. Y después de asombrar al mundo en junio, “King” James alcanzó por fin “su” trono.

Pero las miras son más altas para un jugador al que el mismísimo Phil Jackson ha definido como “un talento único”. Puede dirigir como un base, anotar como un alero, atravesar la pista como un tren de mercancías o atacar el aro como el más fiero de los pívots. Domina sin necesidad de atenerse a una sola posición. “Nunca hemos visto nada parecido a LeBron”, sentenció Larry Bird.

Desde que con 17 años la prestigiosa revista “Sports Illustrated” le etiquetara como “El Elegido”, LeBron James ha soportado continuas comparaciones con Michael Jordan. En su camino hasta convertirse en campeón, este tres veces MVP no solo las ha respondido, sino que ha ofrecido destellos de algo mucho mayor, de poder ser una leyenda con sello propio, sin un molde claro. Ganar le llevó nueve años, pero alcanzar a los más grandes exigirá un esfuerzo mucho mayor. La aventura es costosa y el primer paso, mínimo, lo dará esta noche, cuando recoja su primer anillo de campeón.

Un Rey, un trono y muchos príncipes

“Al final siempre va a haber gente que diga: ‘no va a ser capaz de ganar dos veces’ o ‘no va a ser capaz de hacerlo otra vez’. Ahora que hemos ganado un título, el objetivo sigue siendo el mismo para mí”, aseguró en una entrevista a Associated Press. Persigue una gloria que prolongó en los Juegos Olímpicos de Londres y a la que se ha hecho adicto. “Quiero volver a tener esa sensación”.

Más adelante, LeBron se convirtió en gran figura del equipo USA en los Olímpicos de Londres, funcionando como factor clave para conquistar la Medalla de Oro, y registró un gran inicio en la temporada actual 2012-2013, confirmado su superioridad en el firmamento de la NBA.