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Como diría Gabo, el olor de las almendras amargas le recordará por siempre al atleta surafricano Oscar Pistorius el destino de las reputaciones contrariadas en medio de una confusión de imágenes, arañadas por el aprecio transformado en sospecha de lo repulsivo, deslizándose vertiginosamente hacia el valle de los lamentos.

No es el ocaso de un ídolo, consideraría Nietzsche, se trata sencillamente de la tragedia de alguien que parece ser arrastrado por el instinto hacia actitudes violentas sin medida de las consecuencias. Un hombre acostumbrado a vivir “pistola en mano”, en un país con un índice de criminalidad escalofriante, como esta Sudáfrica, que conocí hace un par de años, comprobando que cualquier advertencia se queda corta frente a la cruel realidad.

Los asaltos a diferentes grupos de periodistas, esa alerta roja que veía todas las noches en ojos desmesuradamente abiertos como los que grafica en sus novelas Stephen King, el uso constante del “no por ahí”, “a esta hora no”, “aquí el peligro no tiene horario”, “cuidado, mucho cuidado”, “cierre bien sus puertas”, me hicieron pensar que debí haber sido acompañado por un maestro de karate, un lanzador de cuchillos y un pistolero, y no ir solo a la Copa Mundial de Fútbol.

Pistorius nació, creció y se desarrolló en medio de todo eso. Vivía armado hasta los dientes desconfiando hasta de su propia sombra. El muchacho que sufrió la amputación de sus piernas debajo de las rodillas cuando apenas tenía 11 meses, y que luchando fieramente con los factores adversos, utilizando piernas artificiales sometidas constantemente a encendidas discusiones, se convirtió en un fenómeno entre los atletas paralímpicos y su espectacular crecimiento competitivo le permitió retar a los más veloces de este planeta en 400 metros, sin restricciones físicas.

No había suficiente asombro cobijando la admiración que todos sentimos por él. Escarbando poco en lo humano, lo consideramos un ejemplo a seguir. Nunca supimos ni se divulgó nada turbio sobre él. Nos concentramos en su capacidad de provocar impactos. Pistorius era un ícono.

De pronto, lo impensable. Oscar es detenido por la muerte de su novia Reeva Steenkamp el día de San Valentín, con cuatro disparos. Hay un shock, el mundo exige una explicación, y Pistorius dice haberla confundido con un ladrón en el baño, creyéndola en la cama. Luego aparece un bate de cricket ensangrentado, y la modelo tenía su cráneo aplastado, así como un balazo en la cadera. Los expertos consideran que ella, huyendo fue a refugiarse al baño.

Y aparecen los antecedentes. Pistorius ha sido una persona alterada, expuesta a constantes cambios, impulsivo, involucrado en otros casos de violencia. Su padre dice que actuó por instinto mientras las sospechas lo acorralan y se le pierde cariño, respeto, y por supuesto confianza. Su verdadera personalidad es la del Dr. Jekyll. Solo en la pista, él era Mr. Hyde, el bueno, el carismático, el admirable.

Entre múltiples teorías, cada día el caso daba un giro nuevo que complicaba más y más a Pistorius. Dice el prestigiado periodista y escritor John Carlin, quien vivió un tiempo en la Nicaragua de los 80, y es autor del libro El factor humano sobre Nelson Mandela, que Pistorius se ha convertido en el símbolo del lado oscuro de Sudáfrica.

Se informó que en casa de Pistorius se hallaron jeringas con restos de testosterona, esa sustancia que aumenta el rendimiento. Un testigo afirma que escuchó gritos sin parar en la casa. La presión es agobiante para el atleta especial y la pregunta natural es ¿Qué le espera frente a tantas complicaciones? El héroe, ahora con sus huesos húmedos, corre el peligro de ser condenado a cadena perpetua. Del refugio de la fama a un pozo de escombros. ¡Qué giros más imprevistos tiene la vida! Somos nosotros los mejores vigilantes de nuestros pasos para alejarnos del abismo.

Eso le hizo falta a Pistorius. Aun saliendo a flote, nunca podrá restaurar su reputación.

 

Le suspenden contrato

La firma Nike de material deportivo ha suspendido su contrato con el atleta sudafricano Oscar Pistorius.

“Nike ha suspendido su contrato con Oscar Pistorius. Consideramos que deben concederse todas las garantías procesales a Oscar Pistorius y seguiremos atentamente la evolución de la situación”, señala la empresa estadounidense en un comunicado hecho público ayer.

El pasado jueves, el mismo día en que el atleta paralímpico fue detenido, Nike ya retiró de su página Web una publicidad protagonizada por él.

En este anuncio se leía sobre una imagen de Pistorius la frase “I am the bullet in the chamber” (“Soy la bala en la recámara”).

Pistorius es el primer atleta paralímpico que logró competir en los Juegos Olímpicos, siendo semifinalista en los 400 m de Londres 2012.

 

dplay@ibw.com.ni