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¡De pie amigos! Hagan el favor de quitarse los sombreros y las gorras. Funeral en el Nou Camp entre 96 mil silencios. Un Real Madrid imperial en el manejo de sus opciones, mordió tres veces y mató al Barcelona 3-1 sacándolo de la Copa del Rey. La magia, continúa desactivada.

No estaba previsto ver al Barsa destruido 3-0 a la altura del minuto 88, pero con DiMaría magistral, Cristiano Ronaldo majestuoso, Ozil incansable e incidente, Xabi Alonso frío y certero, Ramos sin fallas y Varane haciéndose sentir, no había forma de pelearle al Real Madrid ayer, ni con dos Messi, y el Barcelona murió “acuchillado” 3-1 quedando eliminado en la Copa del Rey.

No quedó nadie pidiéndole inspiraciones a ese ataúd. ¿Dónde estaban los 16 puntos de ventaja que sacan los azulgrana en la Liga? La autoestima azulgrana quedó tan severamente golpeada, pese al gol de última hora de Jordi Alba, aprovechando la entrega precisa de Iniesta, que hay dudas sobre la motivación que pueda conseguir el equipo de Roura para el duelo del próximo sábado en el mismo escenario.

Un penal ejecutado impecablemente por Cristiano, una maniobra como las del Bolshoi realizada por DiMaría, culminada por Cristiano con el portón abierto y sin cuidador, y un cabezazo de Rafael Varane sobre un córner, sentenciaron una batalla que perdió toda intriga desde el minuto 57, cuando la diferencia se estiró 2-0, y la inutilidad de la posesión de balón del Barsa, quedó una vez en evidencia.

¡Ah, si Messi acierta ese remate de derecha, recibiendo de Pedro en una vertiginosa y bien combinada entrada al área, antes del minuto dos! ¿Se imaginan un gol madrugador en casa? ¡Cómo hubiera crecido el Barsa arropado por la confianza! No ocurrió, y tal posibilidad quedó reducida a las cenizas de una tonta especulación.

Y con el marcador 1-0 desde el minuto 12, un tiro libre por abajo cobrado por Messi en su momento de mayor iluminación, provoca la inútil elevación de la desconcertada barrera, con Diego López paralizado, pero sale silbando como serpiente venenosa, a la orilla del poste izquierdo. De esa forma, con todos los alientos sostenidos y los corazones acelerados, retumbando, el posible 1-1 de la resurrección, también se esfumaba.

El penal no admitió discusión. Sobre el minuto 12, Cristiano avanzó por la derecha con el impulso que lo caracteriza, y entró al área con Piqué intentando cerrar estirando su pierna izquierda en busca del balón, sin lograrlo. La larga pierna del central azulgrana se levantó lo suficiente para derribar al portugués. El árbitro no titubeó y sentenció la pena máxima mientras mostraba la tarjeta amarilla a Piqué, limitado a fruncir el ceño. Cristiano, el pistolero, disparó abajo a la izquierda, sin chance para Pinto que se volcó hacia el lado equivocado. El 1-0 no pareció ser una advertencia letal, pero tenía un gran significado. El Madrid, funcionando a la contra, se adelantaba con su primer disparo en el duelo.

El segundo gol fue musical, danza pura de DiMaría con amague por la izquierda, quiebre de Puyol, el bravo mastín, remate, rechace de Pinto reaccionando bien a la exigencia, y pelota que viaja por arriba hacia Cristiano. Un filete para león hambriento. El portugués sujetó el balón con su pecho y sobre el descenso, el taponazo bajo, con la llegada y aterrizaje forzoso de Pinto, en su intento de regreso improbable.

Y el “tiro de gracia”, el córner que permite el cabezazo del francés Varane, otra vez golpeando con su martillo la cabeza del aturdido Barsa en el minuto 68, estableciendo el 3-0 matador. El gol de Jordi Alba en el 89, fue como el quejido de un muerto, diría Juan Rulfo.

 

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