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¿Fue algo cierto que Fidel Castro llegó a interesar a los scouts de Grandes Ligas, entre ellos al legendario Joe Cambria? Nadie lo sabe, pero pocos lo creen. Apasionado por el béisbol, Fidel, un pitcher derecho supuestamente de poder, que se inclinaba hacia la izquierda, se sintió fuertemente atraído por la posibilidad de llegar a ser un big leaguer.

¿Se imaginan cómo hubiera cambiado la historia política de América Latina de haber ocurrido eso? Fidel firmado por Cambria, quien creía que todo cubano que recogía una pelota tenía pasta de big leaguer, tratando de proyectarse atravesando las Ligas Menores, después de haber jugado en Belen School entre 1940 y 1944, y para el equipo intramuros de la Universidad de La Habana en 1945 y 1946.

Hugo Chávez Frías, zurdo, también fue apasionado por el intrigante deporte de las bolas y los strikes. Relata el historiador mexicano Enrique Krauze en su interesante y ameno libro sobre Chávez “El poder y el delirio”, que la culpa la tuvo Néstor Isaías Chávez, conocido como “El Látigo”, un pitcher nacido en el poblado La Sabaneta, de Barinas, quien según el formidable locutor desaparecido Delio Amado León, un buen amigo durante la época de esplendor y grandeza de Alexis Argüello, levantaba la pierna tan majestuosamente como Juan Marichal.

Isaías fue firmado por los Gigantes, pero su codo flaqueó y necesitó de una operación. Se dice en el libro, que Chávez llegó a idolatrar al “Látigo” por tres razones: por ser pitcher, por lanzar para los Navegantes de Magallanes, y por tener su mismo apellido. “Yo también voy a ser un látigo”, parece haber pensado, sentado en la butaca de su imaginación.

De pronto en 1969, Isaías Chávez, el héroe del joven Hugo, murió en un accidente aéreo en Maracaibo. Solo tenía 21 años y había trabajado en dos juegos con los Gigantes, ganando uno sin perder como relevista en 1967, tal lo informa el Baseball Reference, la más amplia y precisa base de datos.

“Fue como si me hubiera llegado la muerte. Me desplomé. Pasaron los días y hasta inventé una oración que rezaba todas las noches, en la que juraba que sería como él, un pitcher de Grandes Ligas”, dijo Hugo Chávez en una entrevista.

¿Se imaginan si el chavalo que en 1971 ingresó a la Academia Militar en busca de crecer, no como militar, sino como pelotero, y poder hacer realidad el sueño de ser un big leaguer, ha tenido éxito en la intención? Pero estaba escrito que eso no ocurriría, y que sería en la política su impacto y trascendencia, dejando huellas imborrables.

En septiembre del 2011, Chávez a los 57 años, apareció en televisión jugando béisbol, negando los rumores de haber sufrido una recaída por el cáncer. Según la información hecha circular, Chávez ejercitó su brazo zurdo con el canciller Nicolás Maduro, el ministro de Comunicación Andrés Izarra, y miembros de la guardia presidencial.

El interés y la atracción de Chávez por el béisbol, explica porqué la mayoría de peloteros venezolanos que brillan en la Gran Carpa, sienten inclinación por el revolucionario que se abrió paso hasta la Presidencia lanzando sliders anti-imperialistas y supo manejarse en el montículo de las controversias con obstinación.

Nunca hubiera cambiado ser lo que fue y significó, por llegar a ganar 300 juegos, ponchar a 3,000, tirar un “no hitter” y obtener un “Cy Young”, pero en su juventud, ser un pitcher de Grandes Ligas, fue su gran sueño.

 

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