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Hay un diagnóstico muy utilizado pero evidentemente equivocado, alrededor del equipo de béisbol cubano que hemos estado viendo en los torneos internacionales de los últimos años, y que según algunos analistas que deberían ser más precisos, no compara con aquellos “grandes” equipos que se aburrieron de ganar títulos en Series Mundiales Amateurs, Juegos Panamericanos y Copas Intercontinentales.

Cuba puede ser eliminada del Clásico esta madrugada por Holanda, lo que me dolería como un viejo admirador del béisbol de la isla, pero no es cierto que aquellos equipos cubanos eran mejores, por una razón muy sencilla: nunca enfrentaron el nivel de competencia de estos tiempos, desde que se gritó en la reunión de Laussane, Suiza: ¡Fuera las máscaras!, y se abrió espacio a los peloteros profesionales, erosionando el viejo béisbol que se jugaba entre límites.

De inmediato, como lo conversé en aquella ocasión regresando de Suiza, con Manolo González Guerra, el legendario dirigente del béisbol cubano, quien junto a Reynaldo González se opuso firme pero inútilmente al ingreso de los profesionales, todo resultó más difícil para los cubanos. En los Panamericanos de Winnipeg, en 1999, Cuba comenzó a sufrir las consecuencias del cambio. Sus derrotas ante Canadá y Estados Unidos, y la presencia de un equipo dominicano con jugadores de las categorías doble y triple A, obligó a los cubanos a sudar horas extras para ganar el oro, sin big leaguers enfrente.

Al año siguiente, en los Olímpicos de Sidney, con todos sus “pura-sangre” en el line up, los cubanos antes todopoderosos, fueron anulados por el prospecto de los Cerveceros Ben Sheets, y más adelante, creciendo las exigencias, los problemas fueron mayores, no porque Cuba hubiera visto recortarse su poderío y capacidad para fajarse, sino por el tamaño que ahora tenían los rivales.

Agregando las deserciones, esas que le impiden a Cuba contar con Aroldis Chapman, Yunieski Maya, Yoenis Céspedes --el bateador de 23 jonrones y 82 remolques como novato con Oakland--, Kendry Morales y otros, es admirable que el bravo equipo antillano permanezca siempre en la pelea sin alterar su “ADN”, contra viento y marea.

Su presencia sorprendente en la final del primer Clásico retando a Japón, los duelos en finales y semifinales de diferentes torneos contra rivales inyectados por peloteros de Grandes Ligas, indican claramente que el béisbol cubano sigue siendo respetable frente a terribles factores adversos, no conocidos por sus equipos de otros tiempos.

Recuerdo que en 1967, en los primeros Panamericanos que se realizaron en Winnipeg, un joven pitcher universitario, John Curtis, arrebató a Cuba la medalla de oro en béisbol, y que en 1969, otro chavalo, Larry Osborne, tenía atornillados a los artilleros de aquel line-up impresionante que exhibieron en el Mundial de Dominicana, hasta que un pitcher, Gaspar “El Curro” Pérez, disparó el hit ganador.

Se imaginan la Cuba de aquellos tiempos contra Matzusaka, Yu Darvish, Johan Santana, o cualquier pitcher de cinco estrellas en las Grandes Ligas; o tiradores como Huelga, Mederos, Rogelio García y Vinnent, retando estos line-ups que reúnen a tantos temibles mata-pitcheres, aún sin alcanzar su plenitud de forma.

Es lo mismo que pasa con nuestra Selección. ¿Cuándo los viejos y gloriosos equipos enfrentaron este tipo de oposición? De manera que es incorrecto ensayar una comparación porque no se dispone de las medidas requeridas. Jim Abbott era un universitario con pretensiones de llegar en unos años a las Grandes Ligas, cuando estuvo blanqueando a Cuba por 8 entradas en el Mundial de Italia en 1988, ¿y qué decir del joven Burt Hooton, dejándolos sin hit en el Mundial de 1970 en Colombia, y el pitcheo tenebroso de otro prospecto, Rubén García, en el Mundial de 1972 en Nicaragua?

Hoy, la correlación de fuerzas ha cambiado drásticamente, y los cubanos, afectados severamente por fugas, y sin poder fortalecerse como lo hacen los otros, se ven cara a cara con peloteros estrellas en el firmamento de las mayores, que han hecho crecer a sus equipos, fabricando mayores dificultades.

Así que no es cierto que los equipos cubanos de antes, eran mejores que los de hoy. Lo que tuvieron fueron mayores facilidades, ahora desaparecidas.

 

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