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Cayó Cuba por 7-6 ante Holanda su constante e implacable verdugo, y ha quedado fuera de las semifinales en el Clásico de Beisbol 2013. ¡Cómo deseaba yo que clasificaran porque era el único equipo sin contar con profesionales fogueados, en desarrollo o en plenitud, fajándose en el evento! Casi podía imaginar a toda la isla levantándose esta mañana creyendo que los esfuerzos desesperados de sus peloteros por permanecer con vida, todavía continuaban, aunque muy lentamente.

Pero todo había terminado. Viendo a Andrew Jones anotar desde tercera con el batazo a lo profundo del jardín central que debió ser el tercer out de ese cierre del noveno, no el segundo, dejando a los cubanos en el terreno, pensé con tristeza: “Así es como termina la persecución de algo grandioso”.

Es natural preguntarse: ¿Qué les pasa a los cubanos con Holanda? Equipos mejor estructurados, con mayor potencial, no les fabrican tantas complicaciones. Revisen estos datos: En los Juegos Olímpicos de 2000, Holanda sorprendió derrotando a Cuba por 4-2, pero en Atenas 2004 y en Beijing 2008, Cuba se impuso 9-2 y 14 por 3, sin embargo, en el Mundial del 2011, Holanda derrotó dos veces a los antillanos, quitándoles el invicto, y superándolos en el duelo por el título. Ahora, en este Clásico, han repetido la doble dosis después de salir del hoyo, volteando un 6-4 adverso que parecía decisivo en el octavo inning, cuando Andrelton Simmons jonroneó en el cierre contra Norberto González, forzando el tercer empate del juego por 6-6.

¿Quién iba a sospechar que Yulieski Gourriel, pieza de vital importancia en el engranaje del equipo cubano desde hace largo rato, quien había disparado tres imparables en cinco turnos impulsando par de carreras, sería el culpable de abrir las puertas para que los holandeses los empujaran hacia el abismo de la eliminación, como saliendo del Caballo de Troya? Fue Yulieski quien, inexplicablemente, sintió que sus piernas se entumecieron entre segunda y tercera en el inicio del noveno, y no pudo anotar con un hit al jardín izquierdo; y fue Yulieski --¿Tú también, hijo mío?, debe haber gritado el manager Víctor Mesa--, quien perdió una pelota sencilla bateada hacia él en tercera base, por el big leaguer Andrew Jones, que significaba el segundo out del inning sin embasados.

Finalmente, con un out y las bases llenas por la cuchillada de Curt Smith y el hit de Bogaerts frente a los relevistas Guevara e Iglesias, en un momento de tensión intolerable, cuando la presión, el volumen y la incertidumbre alcanzan una elevación siniestra, Jones anotó por el elevado profundo de Kalian Sams, en conteo de una bola y dos strikes, contra el cuarto relevista Diosdany Castillo, sepultando las ilusiones del equipo cubano y enmudeciendo la isla. Fidel apagó el televisor frunciendo el ceño.

Ojo con esto: aun con la afectación que le ha provocado a los cubanos la presencia de profesionales, siguen siendo ferozmente competitivos. En Sidney, cayeron en la Final olímpica ante Estados Unidos; en Atenas terminaron empatados con Japón y le ganaron la final a Australia; y en Beijing, perdieron la final 3-2 frente a Corea del Sur. Siempre Cuba disputando el oro con rivales diferentes, Estados Unidos, Australia y Corea. El equipo cubano que estuvo en la final del primer Clásico siendo vencido por Japón, siguió brillando en los Mundiales también contra diferentes adversarios: derrotó a Estados Unidos en el Mundial de 2001, a Panamá en la final de 2003, y también a Corea del Sur en 2005; posteriormente, cayó ante Estados Unidos en 2007 y en 2009, y frente a Holanda en 2011. Ahora, queda en las puertas de las semifinales en el tercer Clásico.

Es decir, que pese a todo, sin utilizar big leaguers, no hemos visto otro equipo con el rendimiento tan equilibrado como el de Cuba en eventos internacionales en los últimos 13 años.

 

dplay@ibw.com.ni

 

 

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