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El Barcelona está vivo, y su fútbol vertiginoso y fantasioso, intacto. Goleando 4-0 al Milán, con dos dardos envenenados de Messi, uno de Villa, galvanizante, y otro marca “tiro de gracia” de Jordi Alba en los últimos instantes, el equipo azulgrana evitó la cuchilla de la eliminación en los octavos de esta Champions y aseguró su boleto para cuartos. Fue algo así como salir del rincón de las pesadillas y saltar al país de las maravillas. Lo que vimos y disfrutamos, fue un resurgimiento espectacular, con Messi, Iniesta y Xavi saliendo de la fosa para robarse el tesoro del Conde de Montecristo.

La fe mueve montañas de una multitud que dejó en casa el trauma y el estrés provocados por la dolorosa derrota por 2-0, levantó el voltaje de un Barsa, que al minuto 5, con una fina, potente y certera estocada zurda de Messi, desde la frontera del área, ignorando los mastines que lo rodeaban, que entró silbando macabramente en el ángulo superior derecho del inutilizado Abbiati, se adelantaba 1-0. Ahí estaba el urgentemente necesario paso al frente, con el liderazgo de Messi restaurado, iluminando la cancha.

¿Quién dijo que los bailarines del Bolshoi se habían fugado, y ocultado? La calma de Xavi, sanguinaria para los rivales del Barsa; la arquitectura de Iniesta, siempre magistral; y la genialidad de Messi, producida por el frotar de la lámpara, enloquecían al Milán, incapaz de retener el balón y ensayar una tercera entrega, ahogado por la facilidad de recuperación de los catalanes y sus variantes ofensivas, en una cancha que Jordi Alba por la izquierda y Danny Alves por la derecha, estiraban por los costados como el acordeón de Carlos Mejía ejecutando “El almendro donde la Tere”.

A los 12 minutos, taponazo impresionante de Iniesta desde afuera, con pierna derecha, vuelo majestuoso de Abbiati, desvío milagroso y rebote en el larguero que Messi intenta rematar de cabeza, pero no lo logra. Se escapaba el 2-0, pero persitía la presión de los azulgrana en todos los sectores ante un Milán tempranamente atormentado.

¿Cuál fue el momento clave para que el Milán se sintiera tan golpeado como Oscar de La Hoya ante Bernard Hopkins? El minuto 38, cuando en una contraofensiva que encontró desarticulada a la defensa del Barsa y desnudó a Mascherano, facilitó el desborde de Niang y su ingreso al área, rematando sobre la salida de Valdés, con todos los corazones paralizados y los alientos congelados. El disparo, fue devuelto por el poste izquierdo, y el casi seguro 1-1 se esfumó, junto con la posibilidad de la elección del Papa en la primera votación en la Capilla Sixtina.

Casi de inmediato, el segundo gol de Messi, recibiendo de Iniesta y rematando con la rapidez y la certeza de un pistolero frío y curtido, colocando el balón rasante junto al poste izquierdo de Abbiati en el minuto 39. El 2-0 borraba la diferencia a favor del Milán en San Siro, y tranquilizaba el sistema nervioso del Barsa, sin permitir que su agitación decreciera.

No había que dar tregua. El equipo azulgrana retando riesgos, siguió volcado, y en el minuto 54 del segundo tiempo, una combinación entre Iniesta y Xavi habilitó a Villa, hasta ese momento mutilado de oportunidades, y su remate de zurda metió al Milán en un rincón del infierno. El 3-0 era mortífero si la defensa del Barsa no flaqueaba.

Y no lo hizo, aunque se vio obligada a sacar agua del pozo de las serpientes atravesando angustias, pero terminando de desgastar al Milán, fulminado por el gol de Jordi Alba en el minuto 92, culminando una contra al trote, con autoridad y hasta cierta jactancia, estableciendo el 4-0.

En ese instante, qué envejecido se veía el Milán, y qué revitalizado lucía el Barsa, mostrando nuevamente su brillantez cegadora.

 

Galatasaray gana en Berlín

Galatasaray se metió en cuartos de final de la Champions League, con un triunfo por 2-3 ante el Schalke, en Berlín.

Tras el empate 1-1 en la ida, al Galatasray le hubiera bastado el 2-2 pero el gol en el descuento resume la trayectoria de un partido que estuvo lleno de dramatismo hasta el final, cuando el Schalke estaba completamente volcado al ataque en busca del gol que le diera la clasificación.

 

 

 

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