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Desde San José.- No había forma de retar a las muchachas ticas en el rectángulo del nuevo Estadio La Sabana. Ni que hubiéramos metido en forma camuflada un par de jugadoras más. La superioridad de Costa Rica sobre el resto de los equipos en el torneo femenino de fútbol fue amplia, sin margen para discutir, como ese rotundo 4-0.

Preferí ir a ver ese duelo, primero en mi vida en fútbol femenino, que ir al Escarré, consciente de que Honduras no tenía que ofrecer frente al ímpetu demoledor de la ofensiva pinolera, y antes que transcurrieran cinco minutos, quedé claro de las diferencias entre un equipo que sabe lo que hace consecuencia de un adiestramiento sostenido por largo rato, con el personal requerido, y otro muy verde todavía, necesitado de mejores recursos y mayor orientación, aunque dueño de una voluntad inquebrantable en la adversidad y una multiplicación de esfuerzos merecedora de reconocimiento.

El primer tiempo terminó 3-0 con goles de Wendy Acosta a los 13 y 19 minutos, y un tiro libre realizado por Katherin Alvarado, pero el daño pudo ser mayor de no registrarse un par de atajadas de Betania Aburto en la cabaña, dos disparos al horizontal y otro a un poste.

De manera que Costa Rica, con su buen manejo de pelota, excelente distribución de sus piezas en la cancha y obviamente mayor jerarquía, trabajó sin apuros el segundo tiempo conformándose con agregar un gol, sellando el 4-0, asegurando la medalla de oro, en tanto Nicaragua, con sus tres triunfos, conseguía la de plata, con la intención de trabajar intensamente para dentro de cuatro años.