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¡Cómo incide Messi! ¡Qué clase de factor es tanto en lo emotivo como funcional! Aún a medio gas, trotando, esquivando las fricciones, es mucho lo que puede aportar. Lo volvió a demostrar.

Hasta el minuto 62, lo que estaba ocurriendo en el Camp Nou de Barcelona, ante casi 100 mil testigos con sudor en los huesos, su sistema nervioso destrozado y las ilusiones deshilachadas, era algo terrible: el equipo azulgrana, sin brillo, careciendo de precisión, deambulando casi, perdiendo 1-0 ante el París Saint Germain por el gol del argentino Pastore, estaba siendo eliminado de la Champions. Fue en ese momento, que contra diagnóstico médico, con determinación de espartano, entró Lionel Messi por el desajustado Cesc Fábregas, y al mismo tiempo el joven Bartra por el agotado Adriano.

Al entrar a la cancha el hombre de la linterna, aún con la advertencia de un cartel que decía ¡cuidado, frágil!, pero siendo capaz de iluminar su drásticamente reducido radio de acción fabricando preocupación, el Barsa se sintió reactivado, galvanizado, y salió de las tinieblas ejerciendo presión en forma más coherente, con mejor progresión de sus maniobras en el último tercio, lo que le hacía falta. Apenas 8 minutos después, el gol de Pedro, un zurdazo letal.

Messi ató un balón a su botín zurdo y se abrió paso con dos quiebres, entregando verticalmente a Villa, quien recibió en el corazón del área, y decidió, oportunamente, retroceder para la arremetida de Pedro, quien sin perder tiempo clavó la estocada zurda, sacudiendo las redes de Sirigu, estableciendo el 1-1 de la salvación.

Moviéndose solo lo estrictamente necesario, un Messi aparentemente mutilado, rápidamente atrapó la atención trazando enlaces cortos y desmarcándose para recibir, quitándole al PSG esa agresividad que estaba aplicando con descaro, apoyándose en el entendimiento de Ibrahimovic y Pastore, los desbordes de Moura y Lavezzi, y la presencia de Verratti, exigiendo lo mejor de Víctor Valdés en exhibición de reflejos y alarde de estiradas, por abajo y por arriba.

De pronto, el desteñido Barsa que había inutilizado el esfuerzo multiplicado de Iniesta, con Cesc fuera de contexto, Villa sin rimar, Xavi invisible, Pedro solo apareciendo ocasionalmente, Busquets raramente asfixiado y Alves aislado, escuchó sonar el despertador comenzando a moverse con más sentido, abriendo espacios y mejorando sus opciones.

Lamentablemente el Saint Germain malogró posibilidades claras con Lavezzi, Pastore y Verrati que le hubieran permitido marcar en el primer tiempo, con la defensa azulgrana tambaleante, casi desprovista de laterales y con Busquets desarmado. En la recta final del partido, con el Barsa regresando a su juego de tejidos geométricos, Iniesta de zurda, falló un remate cantado en las tribunas. Merecía mejor suerte en esa acción por su llamativa actuación.

En el otro duelo, el Bayern, cada vez más temible, le repitió al Juventus italiano en Turín, el 2-0 conseguido en Munich, con goles del formidable Mandzukic y Pizarro. Como se esperaba, el Juventus obligado a buscar una remontada improbable, adelantó sus líneas y quedó expuesto a mayores riesgos, frente a un adversario que ha conseguido mucho ordenamiento para volcarse, presionar y ejecutar, aprovechando la movilidad, el oficio y la experiencia de Ribery y Robben, más la contundencia que identifica a ese feroz jugador que es Schweinsteiger.

Volvió a demostrar el Bayer su solidez en todas las líneas con Lahm y Alaba muy efectivos en contención y proyección, y el español Javi Martínez, pese a las limitaciones a que fue sometido, haciéndose ver en la necesaria aceleración de juego. No hay duda de que el campeón alemán es un rival al que hay que esquivar en las semifinales.

Así que un pujante Real Madrid, un impresionante Bayern, un difícil Borussia y un cojeante Barcelona estarán en el sorteo del viernes, que terminará los cruces en la penúltima fase de esta Champions, pensando avanzar a la final en Wembley.

 

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