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Ese flujo sanguíneo que consiguiendo aceleración producía fuego en el boxeo agresivo y usualmente destructivo del filipino Nonito Donaire, fue encapsulado el sábado en el ring de Radio City en Nueva York, por un Guillermo Rigondeaux que se presentó con la capa y la espada de Manolete, exhibiendo sus habilidades como torero, y edificando una indiscutida victoria

por puntos.

Con mucho de Whitaker y algo de Maywaether, más lo propio de su estilo, enfocado en desorientar al adversario, y cultivado desde su larga trayectoria en el boxeo aficionado atravesando por 247 combates, el cubano Rigondeaux, dos veces ganador del oro olímpico en Sidney y en Atenas, de casi 33 años, obtuvo en su pelea número 12 como profesional, los títulos supergallo de la AMB y OMB, derrotando a Donaire contra pronósticos.

Aunque Nonito derri-bó a Rigondeaux en el décimo asalto con una precisa y potente izquierda a la mandíbula que no necesitó largo desarrollo, se trabó tratando de darle continuidad a su ofensiva, y no logró sacarle verdadero provecho a ese gran momento, regresando nuevamente a la inutilidad frente a la movilidad incansable y bien manejada, por un torero de clase y casta.

Mientras la pelea avanzaba y las complicaciones crecían para el filipino, su sangre no se calentó lo suficiente para lanzarse decididamente a tomar riesgos como era lo exigido, y consecuentemente su fogosidad pasó a ser algo anecdótico. Round que moría, hacía nacer otro igual, con las mismas características, sin que Donaire colocara su atrevimiento sobre el tapete.

Rigondeaux fue directamente a su tarea desde que sonó la campana. Se estableció en el centro del ring con su perfil zurdo, adelantando su rápida mano derecha, y mostrando facilidad para soltar su izquierda como acompañamiento oportuno. Estas señales, incomodaron de entrada a Nonito que prefirió, como un buen contragolpeador, esperar que posibilidades favorables se le pudieran presentar, para supuestamente saltar sobre su presa.

El cubano estaba bien aceitado y con un plan de acción difícilmente vulnerable. Su velocidad de reflejos, certeza para responder, giros constantes con cambios de dirección y aplicación de frenos, y esa capacidad para disparar con frialdad sin peligro de desgastarse, mantuvieron desorientado a Donaire.

¡Qué importaba que la pelea careciera de espectacularidad, si lo que Rigondeaux buscaba y logró, era prevalecer la mayor parte del tiempo, sumar puntos evitando los cambios de metralla, y garantizar que su movilidad sería sostenible! En el último asalto, con esa izquierda que estalló en el ojo derecho de Nonito, y que lo obligó a pelear en actitud de protección, Rigondeaux terminó de domar a la fiera. Con cifras de 114-113, 115-112 y 116-111, se mostró victorioso colocando al filipino debajo de sus botines, sin hacer alardes.

 

Fue más efectivo

Nonito Donaire lanzó un total de 352 goles de los cuales solo 64 fueron de poder. Guillermo Rigondeaux tiró 396, y 73 fueron de fuerza. El cubano conectó para un 41 por ciento versus un 30 por ciento del filipino.
El filipino sufrió su segunda derrota en el profesionalismo, algo que no ocurría desde el 10 de marzo de 2001, en esa ocasión a penas disputaba su segunda pelea.

 

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