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En la brillantísima trayectoria de Ricardo “Finito” López, hay un asterisco “doloroso y cargado de espinas” a la orilla del nombre de Rosendo Álvarez. Fue el bravo y temible púgil nicaragüense, quien lo tumbó primero en México y lo golpeó brutalmente en Las Vegas, durante las dos peleas que protagonizaron en 1998, provocando en ambos casos, alrededor de los fallos de empate y victoria por decisión dividida del azteca, encendidas polémicas. La necesaria y casi obligada tercera pelea, que tanto quiso Rosendo, nunca se hizo.

Hace unos días, al aterrizar Beristáin en Nicaragua, frente al señalamiento de Miguel Mendoza, sobre considerar a Rosendo como el más complicado rival que tuvo “Finito” en su carrera, el prestigiado entrenador miembro del Salón de la Fama, respondió con cierta indiferencia “no tanto”.

El recuerdo de una herida que permanecerá por siempre abierta en el historial de López, parece molestar todavía al adiestrador, y por lo tanto, prefiere desembocar deliberadamente en el olvido de lo que pasó, como un refugio saludable. Beristáin dijo que después de la caída en México, “Finito” había reaccionado rápido y que había enderezado rápidamente el rumbo de la pelea, y dio a entender que en Las Vegas, ganó sin dificultades.

El empate en México después de una misteriosa retención de los conteos, que no evitó la frustración del periodismo mexicano graficada en los titulares del día siguiente, considerando vencedor a Rosendo, y la forma en que terminó el rostro del “Finito” en Las Vegas, casi irreconocible después de recibir tanto castigo, en un fallo que ganó por decisión dividida (115-113 a favor de Rosendo en la tarjeta de Silvestre Abainza de Filipinas, 116-114 para “Finito” según Larry O´Connell de Inglaterra, y 116-112 en el criterio de Jerry Roth de Estados Unidos), con el agregado de una ruidosa división de opiniones entre el periodismo norteamericano, que guardo en mi archivo, habiendo publicado algunas, indican claramente lo terriblemente complicado que fue Rosendo para “Finito” en cada instante de las dos peleas.

Ahora que Beristáin no quiera acordarse, no borra las imágenes de lo que ocurrió en aquellas noches humeantes y memorables, que seguirán agitando inútilmente discusiones, perennizadas en vídeos, y que por supuesto, constituyen timbres de orgullo para Rosendo, en vista de la inmensa calidad de “Finito”, un púgil grandioso que cerró su carrera con un récord sin mancha. Alí y Angelo Dundee, tampoco consiguieron ocultar con el paso del tiempo, el recuerdo de Joe Frazier.

 

* dplay@ibw.com.ni