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El Barcelona, que jefeado por el genial argentino Lionel Messi y respaldado por el cerebral Xavi y el volátil e incontrolable Iniesta, ha sido considerado largo rato como el mejor equipo del mundo, ganador en los últimos años de 14 títulos (2 Champions, 2 Supercopas de Europa, 2 Copas del Rey, 2 Mundiales por equipos, 3 Supercopas de España y 3 Ligas españolas), no parece serlo en estos momentos de exigencia extrema, cuando debe enfrentarse al temible trabuco alemán Bayern de Munich, en una asfixiante semifinal correspondiente a la Champions.

¿El Barsa no favorito, pese a dominar por 13 puntos la Liga que no pudo ganar el año pasado? No rasquen sus cabezas porque no es algo descabellado. No, cuando no se tiene una idea clara del estado físico de Messi, con Puyol y Mascherano descartados, Xavi atravesando por un bajón de voltaje, Villa oculto, Alexis confuso, Jordi Alba en restauración, y barajándose la posibilidad de utilizar como segundo central al recién restablecido Abidal, quien fue sometido a un trasplante de hígado.

Mientras el presente del Barsa se ve apretado por terribles dudas, el Bayern luce inmenso como enemigo, con una delantera mueve-montañas, en la cual estarán Mario Gomez o Claudio Pizarro --reemplazando al valioso croata Mario Mandzukic, sancionado por repetición de tarjetas amarillas-- junto con el francés Ríbery, Muller y Alaba, más el enlace, la presencia y proyección de Bastian Schweinsteiger y Javi Martínez y, por supuesto, la solidez que garantizan en el fondo los centrales Van Buyten y Dante, con Lahm y Luis Gustavo en los laterales. Un equipazo al revés y al derecho, y en un momento estelar, como lo demostró sacando de pelea al Juventus italiano en los cuartos de final, clavándole un doble 2-0.

En el portón, los analistas califican a Víctor Valdés como más confiable que Neuer, quien se complica en los cierres de ángulos y las salidas por arriba, aunque atajando es estupendo.

La última imagen del Barsa en la Champions, fue verlo sumergido en la pileta de las angustias ante el agresivo Paris Saint Germain, de Ibrahimovic, refugiándose en dos empates, por 2-2 como visita y 1-1 en casa, para poder salir del hoyo y seguir con vida. Fue necesario utilizar a Messi tomando riesgos después de 62 minutos sin él, para que se produjera la jugada salvadora que materializó Pedro.

Este es un Barsa herido, aullando por su falta de profundidad, malgastando su posesión de balón, extendida a una racha de 300 juegos con 217 victorias, 55 empates y 28 derrotas, marcando 786 goles y admitiendo 243. Me informo, que desde la jornada 36 de la Liga 2007-2008, cuando el Real Madrid lo derrotó 4-1, el Barsa no ha sido superado en la propiedad de la pelota. Sin duda, un alarde.

Pero la escuadra azulgrana, que necesita multiplicar sus maniobras para abrir espacios y fabricar opciones, ha perdido aquella rápida flexibilidad que convertía sus penetraciones en mortíferas, y consecuentemente, no saca verdadero provecho del tiempo de posesión, lo que desespera a sus legiones de seguidores, y le impide conseguir resultados. En la Champions, aparte de los empates con el PSG, perdió con el Celtic de Escocia en la fase de grupos, y con el Milán de Italia en los octavos.

“No admito que seamos no favoritos”, dijo Xavi, pese a estar consciente que el equipo, cojeando, ha carecido de autoridad para hacerse sentir. El año pasado se vio más efectivo antes de caer ante el Chelsea inglés, precisamente en semifinales. En cambio el Bayern, verdugo del Real Madrid en el 2012, se muestra crecido en todos los aspectos funcionando como una maquinaria.

¿Será capaz este Barsa golpeado de lograr desajustarlo? Solo con el mejor Messi, y la destreza e incidencia de Iniesta y Xavi, activadas al tope, podría conseguirlo. Consideren que jugando en Munich contra el Bayern desde 1996, el equipo catalán no ha podido ganar, registrando dos empates y una derrota. Una advertencia.

 

dplay@ibw.com.ni

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